Soluciones a la crisis ambiental: todo depende del marco paradigmático de abordaje

Por: Rodrigo Arce Rojas.

Es indudable que nos encontramos frente a una grave crisis ambiental. Pero todo depende de cómo estemos entendiendo lo ambiental. Al respecto tenemos dos aproximaciones conceptuales una que refiere lo ambiental a lo exclusivamente biofísico externo al ser humano y otra que alude a una concepción de continuidad entre el ser humano y lo que se ha dado en llamar naturaleza. Bajo esta segunda concepción la caracterización de la crisis sería entonces una crisis sociecológica. Si esto es así, la llamada comúnmente crisis ambiental sería entonces una crisis civilizatoria que da cuenta que la forma cómo hemos concebido las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, la forma en la que hemos configurado el pensamiento hegemónico de desarrollo. En consecuencia estaríamos hablando de una crisis del sistema.


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AFP PHOTO / PAUL J. RICHARDS


Frente a la crisis socioecológica se aprecian dos formas predominantes de pensamiento: Un pensamiento funcional al sistema y un pensamiento transformador. Veamos qué implica cada tipo de pensamiento.

El pensamiento funcional al sistema nos dice que todo lo que tenemos que hacer es adaptarnos, ajustar, corregir, enverdecer el sistema económico. Esta forma de pensamiento pretende atacar los problemas llamados ambientales desde la lógica del mercado, por lo tanto incorporará en sus propuestas el respeto a la propiedad privada, la valoración económica de los bienes y servicios ambientales, la asignación de precios y la fluidez de las transacciones. Esta es una propuesta que no revisa las bases estructurales de la crisis ambiental y confía ciegamente en las potencialidades de la tecnología. Esta forma de pensar permea en la formulación de políticas públicas y en la configuración de la institucionalidad. Por tanto genera soluciones técnicas y legales normalizadas, incluso muchas veces avaladas por la academia, que se reconocen como legítimas y correctas. Se podría decir que esta forma de pensamiento es pragmático, técnico y “no pierde el tiempo con discursos o disquisiciones filosóficas”.  Incluso de habla de sustentabilidad pero con una acepción elástica, polimórfica y polisémica.

Revisemos ahora, lo que implica un pensamiento transformador para abordar la crisis sociecológica. Esta forma de pensamiento incorpora explícitamente la dimensión temporal en su abordaje. De un lado parte de la configuración de un futuro posible caracterizado por una concepción de sustentabilidad fuerte e incluso súper fuerte en la que producto de la conciencia e intencionalidad humanas se delinea un escenario ideal de las relaciones entre los seres humanos y entre los seres humanos y lo que se llama naturaleza. Esta forma de pensamiento se ubica en una ontología de la continuidad en la que concibe que el ser humano es parte de la naturaleza y por tanto hay una única realidad compartida por todos los elementos, tangibles e intangibles, del planeta o incluso del universo. La otra cara de la consideración temporal refiere a reconocer a través del tiempo los procesos, los flujos, los ciclos y sucesos clave que explican o explicarían las razones profundas por la que hemos llegado a esta realidad crítica.

El pensamiento transformador no se queda en el pensamiento lineal y no se siente satisfecho por los pensamientos únicos y acabados. Al ser un pensamiento filosófico en el que confluyen diversos tipos de pensamiento como el pensamiento crítico y el pensamiento complejo busca siempre irse a las causas primeras o causas profundas.  Esta forma de pensamiento reconoce que los sistemas son abiertos y están alejados del equilibrio, se ubica entre el orden y el caos, entre la flexibilidad para permitir la adaptación y la robustez para mantener las estructuras clave. Por tanto, no busca respuestas únicas sino las múltiples posibilidades existentes. Se diría entonces que el pensamiento transformador parte de la ontología de la continuidad entre el ser humano y la naturaleza y de la epistemología de la complejidad.

Hasta ahora ha primado el pensamiento funcional al sistema en la definición de soluciones ambientales. En este contexto lo “ambiental” aparece separado del ser humano y se inscribe en el pensamiento utilitarista de la naturaleza que legitima su explotación ilimitada. Plantea que es posible conciliar el crecimiento económico con el “aprovechamiento sostenible” de la naturaleza. Es más, ganados por la ilusión de la sustentabilidad han creado categorías irreconciliables tales como minería sostenible. Aquí la pereza intelectual, o una falsa economía del lenguaje, terminan por sacralizar la minería. No es un tema menor, las palabras importan porque se traducen en discursos y narrativas que guían el accionar humano.

Este pensamiento funcional al sistema puede hablar incluso de sustentabilidad pero al subordinar las consideraciones sociales y ambientales a la primacía del poder económico termina debilitándolas.  Una forma de hacer esto, en el campo de lo que llaman “recursos naturales renovables” es separar la producción de la conservación como si fueran categoría totalmente separadas cuando se interviene sobre la naturaleza. Otra forma de evadir la responsabilidad refiere al hecho de considerar que las áreas de producción “son de producción” y por tanto no deberían tener cargas de conservación que corresponde a otros actores, sectores o disciplinas. Otra forma es cuando señalan que no importa qué pase con esta especie forestal en la concesión porque para su conservación “ya existen las Áreas Naturales Protegidas” Es cuando podemos entender la afirmación que el manejo de los bosques “es una actividad económica”.  Como si al conjuro de la palabra economía quedaras librado de asumir otras responsabilidades.

Amparado entonces por el pensamiento simplificante de no querer pensar lo que ya ha sido pensado antes provoca que otros te piensen y terminas actuando únicamente como operador de lo pensado. Es muy fácil apelar a la autoridad de las instituciones o expertos nacionales e internacionales y te eximes de tanto palabreo por lo que urge es la acción efectista.  Todo esto ha provocado múltiples soluciones lineales a los problemas ambientales o forestales que en el fondo se convierten soluciones ambientales o forestales débiles. Veamos algunas de las más relevantes:

  • Los recursos naturales solo tienen valor desde el momento en que llega al capital para transformarlo provechosamente para el sur humano. Si no es así, no vale la pena su conservación. Solo puede ser conservado aquello que tiene valor (precio).
  • Frente al cambio climático solo nos quedan dos opciones: la mitigación y la adaptación. No es posible abordar el cambio climático si es que no garantizamos el crecimiento económico.
  • Frente a la alteración y la degradación de los ecosistemas entonces tenemos la opción de restaurarlos. Siempre habrán inversiones y tecnologías que nos permitan revertir los impactos del crecimiento económico.Por cada árbol que se extrae de los bosques naturales entonces plantemos 10 árboles sea en el mismo lugar dónde se produjo la extracción o en otros lugares que impliquen rentabilidad.
  • Si el problema es el exceso de residuos y la contaminación entonces promovamos economías circulares basadas en el recuso y el reciclaje
  • Si el problema es que hay una administración pública que hace que la adquisición de derechos sea larga y engorrosa entonces hagamos simplificación administrativa para que los pobres tengan iguales derechos para aprovechar o explotar sus recursos.
  • La economía informal de los recursos naturales es dañina “pero mueve la economía”, entre otras tantas expresiones de pensamiento pragmático.

Parte de las razones por las cuales estas son débiles o falsas soluciones ambientales se sustentan en las siguientes premisas:

  • La categoría recurso es una invención humana que cosifica la naturaleza y su valor está en función del mercado. No se considera que los elementos de la naturaleza, y todas sus interacciones, tienen un valor intrínseco más allá de cualquier valoración humana.
  • La adaptación te dice cómo debe ajustarte o acomodarte a la nueva situación pero no pregunta cuáles son las causas estructurales que generan el cambio climático y tampoco hay voluntad de mover un ápice el modelo de desarrollo hegemónico. Esto explica por qué las COP de cambio climático van de fracaso en fracaso y  los países se resisten a adoptar medidas fuertes acordes con el sentido de urgencia. Al final pesan más los valores consagrados de la economía.
  • Lo mismo sucede con la restauración que es una actitud plausible. El problema está cuando se trata de remediar los efectos inmediatos y no se trata de entender cuáles son las causas estructurales que provocan la alteración y degradación de los ecosistemas. Así unos van restaurando y otros van degradando en un círculo vicioso que no tiene fin.
  • Reponer 10 árboles por cada árbol que se extrae de los bosques naturales no es la solución porque no estamos hablando de árboles comerciales como elementos aislados. Estamos hablando de sistemas ecológicos complejos donde se verifican múltiples interrelaciones. No es solo sacar un árbol, o poner otro tanto de árboles, se trata de gestionar el ecosistema forestal para garantizar que los bosques sigan manteniendo sus características productivas y reproductivas, se trata de hacer una gestión forestal responsable y no pensar “que el bosque se recupera solo” o que la sola existencia de un documento llamado pomposamente plan general de manejo forestal que poco o nada se aplica.
  • Por supuesto que una economía circular es importante pero depende si forma parte del pensamiento funcional al sistema o corresponde a un pensamiento transformador. En esta última perspectiva se revisan las causas estructurales de la contaminación, se incorpora el enfoque de prevención, se mira todo el proceso en su real complejidad y no se queda solo en un sistema artificial cerrado y desconectado de las intrincadas redes de los sistemas complejos.
  • La simplificación administrativa es buena en si misma pero depende en qué marco paradigmático se inscribe. Si se mantiene en un paradigma simplificante entonces prioriza un objetivo, económico o social pero termina afectando los objetivos ambientales. De ahí la importancia de saber a qué tipo de sustentabilidad estás apuntando: débil, fuerte, súper fuerte o simplemente consideras que la sustentabilidad es un lujo que no podemos darnos como países con necesidades angustiosas de crecimiento económico.
  • Claro que la informalidad es un problema y que en muchas ocasiones deriva en ilegalidad. Pero no se resuelve únicamente atacando la superficie, requiere la revisión profunda de las causas estructurales que provocan este tipo de economía. De inmediato de vas a dar de narices con problemas de exclusión, desigualdad, corrupción, objetivos sectoriales y cortoplacistas. No se trata de justificar la informalidad y menos aún legitimarla sino de generar la voluntad política de cambios estructurales para la generación de oportunidades para todas y todos y de generar condiciones para que se manifiesten a plenitud las capacidades, facultades y potencialidades de la gente. Nadie quiere ser informal porque quiere, son las condiciones objetivas y subjetivas los que los llevan a tal situación.

Ahora bien, no podemos dejar de desconocer que en el Perú existen grandes retos para superar la exclusión, las desigualdades y la concentración de la riqueza en pocas manos. Además no podemos dejar de mencionar que la estructura global de la economía es muy compleja con muchos juegos geopolíticos donde los países como los nuestros tienen poco margen de actuación.

Frente a esta situación se menciona la necesidad de alcanzar una diversificación productiva que permita un crecimiento económico inclusivo, equitativo y sostenible. No obstante, la necesidad de crecimiento económico no puede hacerse costa de sacrificar las consideraciones sociales y ambientales. Para superar la crítica situación económica de nuestros países necesitamos una serie de medidas tales como: inversiones significativas en ciencia, tecnología, innovación, educación de calidad; instituciones efectivas y liderazgos proactivos y honestos; políticas monetarias, fiscales y regulatorias promotoras de economía sostenibles, inversiones sostenibles y promoción del ahorro. Más allá de seguir haciendo lo mismo de siempre la idea es invertir en conocimiento para estar a la altura de los retos que nos imprime la cuarta revolución industrial. Esta es una gran oportunidad para pensar más en la megadiversidad biológica y en las industrias culturales (Fairlie y Ferrari, 2019).

Consecuentemente, sin desconocer la importancia de atender apropiadamente los temas económicos, las soluciones ambientales requieren ser contextualizadas en marcos paradigmáticos transformadores y no quedarse únicamente en las soluciones del recetario internacional convencional que se inscriben en la ontología disyuntiva entre el ser humano y la naturaleza. Existe toda una vertiente que viene del pensamiento del sur, pensamiento decolonial, pensamiento crítico y pensamiento filosófico que está generando aproximaciones más integrales de los sistemas socioecológicos.

Esto implica mirar y abordar con toda su complejidad y no quedarnos con fragmentos de solución que no logran dar cuenta las múltiples interrelaciones, interacciones e interdependencias. Implica mirar más como sistemas dinámicos alejados del equilibrio, atender los fenómenos más allá de lo normalizado, instituido o estandarizado y buscar los fenómenos que se ubican en las colas de una campana de Gauss. Implica incorporar los diferentes saberes, el amor, el respeto profundo por la vida, la prevención, la dinámica no lineal de los procesos, la autoorganización y las emergencias.


Bibliografía:

Bringel, Breno y Pleyers, Geoffrey. (Edit.). (2017). Protesta e indignación global: Los movimientos sociales en el nuevo orden mundial / Breno Bringel… [et al.]. 1a ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; Río de Janeiro: FAPERJ. Recuperado de: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20171204044413/Protesta_e_indignacion_global.pdf

Cifuentes Ávila, Fabiola; Díaz Fuentes, Rolando; Osses Bustingorry, Sonia. (2018). Ecología del comportamiento humano: las contradicciones tras el mensaje de crisis ambiental. Acta Bioethica 2018; 24 (1): 161-165 Recuperado de: https://scielo.conicyt.cl/pdf/abioeth/v24n2/1726-569X-abioeth-24-2-00161.pdf

Fairlie, Alan y Ferrari, César. (2019). Presentaciones en la conferencia internacional Nuevas Perspectivas en Desarrollo Sostenible. Maestría en Biocomercio y Desarrollo Sostenible. 16 de diciembre de 2019. Lima: PUCP.

Rising Tide North America y Carbon Trade Watch (s.f). Engañados en el invernadero Falsas Soluciones para el cambio climático. 28 p. Recuperado de:

http://www.trabajoyambiente.com.ar/php/documentos/doc116_Falsas%20Soluciones%20para%20el%20Cambio%20Climatico.pdf

Agoglia Moreno, Ofelia Beatriz. (2010). La crisis ambiental como proceso. Un análisis reflexivo sobre su emergencia, desarrollo y profundización desde la perspectiva de la teoría crítica. Tesis para optar el grado de Doctor en Educación Ambiental. Universidad de Girona. 325 p. Recuperado de:

https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/7671/tobam.pdf?sequence=5&isAllowed=y


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