Cómo impulsar la movilidad urbana en América Latina durante el confinamiento por la COVID-19

Daniel Delgado solía hacer un sencillo viaje en autobús para desplazarse hasta su trabajo. Pero con el confinamiento en Lima a causa de la COVID-19 y con las altas tasas de contagio en el transporte público, el autobús que solía tomar no solo parecía demasiado lento sino también demasiado arriesgado.

Como “guachimán” (guardia de seguridad) de un edificio del barrio San Isidro, Daniel se vio obligado a encontrar una alternativa.

Entonces logró llegar a un acuerdo con el administrador del edificio para obtener un préstamo de USD 300, sin intereses que le irían deduciendo de su sueldo semanal, para comprarse un patinete eléctrico que pone a cargar en su lugar de trabajo. Con esa compra, no solo se evita tener que tomar el autobús, sino que también logró reducir su tiempo de desplazamiento de más de una hora a tan solo 35 minutos.


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Millones de trabajadores deben ir a trabajar a pesar de las medidas de confinamiento

La historia de Daniel es representativa de millones de trabajadores informales de América Latina que no pueden hacer teletrabajo. En Lima, estos representan hasta el 50% al 65% de los trabajadores, y dependen en gran medida del transporte público. A pesar de la reciente y abrupta caída en la dependencia del sistema de autobuses Metropolitano de Lima (véase el gráfico abajo), los grupos socioeconómicos más bajos fueron quienes menos redujeron su demanda del sistema.

Uso del sistema de buses Metropolitano de Lima por nivel socioeconómico

Cambio porcentual en usuarios con respecto a la semana 2-8 de marzo

Uso del sistema de buses Metropolitano de Lima por nivel socioeconómico

Fuente: Tablero de Impacto del coronavirus del BID y BID Invest.


Las ciudades deben ofrecer nuevas opciones de transporte durante la crisis

Los ciudadanos que deben ir a trabajar durante el confinamiento tienen que encontrar un transporte seguro, asequible y sostenible. Con la reactivación de las economías, las ciudades tienen una oportunidad única de repensar sus opciones de movilidad. El objetivo debería ser crear posibilidades de transporte que sean asequibles, seguras, que alivien la congestión vehicular y que minimicen los efectos sobre el medio ambiente. Existen tres medidas que pueden ayudar a hacer frente a esas cuestiones.

  1. La infraestructura para bicicletas es esencial tanto ahora como a largo plazo

A medida que las ventas de bicicletas se disparan en todo el mundo, los gobiernos de las ciudades se enfrentan al desafío de mejorar y ampliar la infraestructura para bicicletas. Bogotá, Ciudad de México y Lima ya están incursionando en ello. Lima ha integrado 32.4 km de ciclorrutas al sistema de transporte público, Bogotá anunció 80 km de ciclorrutas, y Ciudad de México está añadiendo 66 km de ciclorrutas a las calles principales. Pero es necesario hacer mucho más para satisfacer la creciente demanda.

La relación costo-beneficio de esta infraestructura varía entre una ciudad y otra. Pero construir ciclorrutas es una opción asequible a corto plazo. Por ejemplo, en Berlín el costo de reservar y preparar 1 km de vía para ser utilizado como ciclorruta provisional es de EUR  9.500. A largo plazo, las ciclorrutas pueden agilizar el tráfico urbano, al ofrecer una opción para los desplazamientos de corta y media distancia, protegiendo a la vez el medio ambiente.

  1. Opciones de transporte de bajo costo y bajas emisiones para los trabajadores del sector informal

Empresas de micromovilidad como Grin o Lime utilizan aplicaciones para conectar a la gente con patinetes eléctricos que son una opción de transporte de bajas emisiones. Desafortunadamente, no funcionan para todo el mundo. Los trabajadores informales suelen tener menos acceso a teléfonos inteligentes y a servicios bancarios, por lo que las aplicaciones de micromovilidad para bicicletas o patinetes no siempre son factibles para ellos.

La experiencia de Daniel muestra que las colaboraciones entre empleadores y trabajadores pueden marcar una gran diferencia. Si bien estas soluciones pueden no ser escalables, las empresas de micromovilidad y las ciudades deben trabajar codo a codo para ayudar a los trabajadores informales.

En Colombia, una empresa proporciona membresía mensual de alquiler de bicicletas eléctricas por USD 50. Las ciudades podrían asociarse con empleadores y empresas para ofrecer estas opciones a precios bajos, a través de préstamos sin interés, o a través de programas gubernamentales específicos, garantizando que quienes más podrían salir beneficiados, como Daniel, no queden excluidos.

  1. Las ciudades necesitan reducir el tráfico de automóviles para salvar vidas y reducir emisiones

Las ciudades latinoamericanas tienen un alto nivel de emisiones generadas por el tráfico. Estimaciones conservadoras sugieren que cada año mueren 50.000 personas prematuramente a causa de ello.

No es de sorprender que cuatro ciudades latinoamericanas, Bogotá, Rio de Janeiro, Ciudad de México y São Paulo, estén entre las diez ciudades más congestionadas del mundo según el índice INRIX 2019.

Las ciudades podrían reducir la congestión de las horas pico ofreciendo incentivos a los empleadores para crear horarios de trabajo flexibles. De acuerdo con el Instituto de transporte Texas A&M, estos programas podrían distribuir el tráfico pico entre las horas menos congestionadas. También podrían aumentar la productividad, ya que los empleados trabajarían en las horas que mejor se ajusten a su estilo de vida. Como resultado, el sistema de transporte público podría descongestionarse, facilitando la aplicación de las normas de distanciamiento social.

Aprendamos de la idea de Daniel

Estas son solo algunas de las soluciones para hacer frente a las consecuencias negativas del confinamiento para los más vulnerables de la sociedad y, al mismo tiempo, para crear opciones sostenibles para un mejor sistema de transporte público posterior a la pandemia.

Es posible repensar y restaurar la movilidad urbana tras la pandemia. Pero requerirá la creatividad y la acción del gobierno. A medida que la bicicleta y las alternativas como el alquiler de bicicletas y patinetes sean más accesibles, se reducirán los tiempos de desplazamiento. La congestión del transporte público se aliviará, y la presión sobre el medio ambiente disminuirá.


Nota publicada en Los Blogs del BID reproducido en PCNPost con autorización.


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SOURCE: Los Blogs del BID

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