Se necesitan magos economistas

Por: Robert J. Samuelson.

WASHINGTON – No es ningún secreto que aunque la economía norteamericana está cerca del “pleno empleo” (la tasa de desempleo de septiembre fue del 5,1 por ciento), su tasa de crecimiento económico de alrededor de un 2 por ciento anual ha sido lenta hasta la exasperación. Desde la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento económico promedió entre un 3 y un 4 por ciento anual.

En una economía de 18 billones de dólares, esas diferencias aparentemente pequeñas pronto suman cientos de miles de millones de dólares de ingresos perdidos. (Piensen lo siguiente: el 1 por ciento de 18 billones de dólares es 180.000 millones de dólares) las implicancias de un crecimiento económico lento son enormes. A las familias les resulta más difícil elevar su estándar de vida y al gobierno, pagar sus cuentas.

​¿Podemos incrementar el crecimiento económico? ¿O ese desempeño mediocre nos atormentará indefinidamente?

​Naturalmente, los candidatos presidenciales de todas las tendencias sostienen que sus políticas mejorarán la situación. Como es de comprender, tratamos esas aseveraciones con escepticismo. ¿Por qué habrían de decir lo contrario?

Brink Lindsey tuvo una idea mejor. Lindsey, economista en el centro libertario Cato Institute, preguntó a 51 pensadores económicos de todo el espectro político, qué podía hacerse: “Si usted tuviera una varita mágica y realizara uno o dos cambios institucionales para mejorar las perspectivas de crecimiento económico a largo plazo en Estados Unidos, ¿qué cambiaría y por qué?”

​Las respuestas son esclarecedoras. Resumo seis de ellas, parejamente entre la izquierda y la derecha. (Cato publicó todas las respuestas en un libro electrónico).

​-Dean Baker, del Center for Economic and Policy Research: terminar con la protección de patentes para los medicamentos bajo receta y permitir que médicos y abogados extranjeros practiquen en Estados Unidos, si pasan exámenes de reválida. Los precios de los medicamentos caerían, dice Baker; pocas recetas costarían más de 20 dólares. La competencia de médicos extranjeros podría reducir los ingresos promedio de los médicos norteamericanos en 100.000 dólares. En conjunto, los ahorros anuales podrían sumar 500.000 millones de dólares, aunque se necesitaría una manera nueva para financiar la investigación de fármacos (él favorece financiación gubernamental).

​-Heather Boushey, del Washington Center for Equitable Growth: Ordenar 12 semanas de licencia paga para que los trabajadores cuiden de los recién nacidos o de miembros de la familia gravemente enfermos. La Ley para la Familia y la Licencia Médica requiere sólo licencia sin goce de sueldo, pero muchos trabajadores de clase media y bajos recursos—el 46 por ciento en una encuesta—no pueden darse el lujo de perder esa paga. “La licencia con goce de sueldo es positiva para las empresas,” sostiene Boushey. Reduce el recambio de los trabajadores y el ausentismo, y mejora el crecimiento económico.

​-Tyler Cowen, de George Mason University: Prestar más atención a la política exterior. “Una buena política exterior es lo más importante que puede hacer Estados Unidos para asegurar su propia prosperidad futura,” afirma Cowen. Quizás estemos viviendo en una “burbuja de paz”, donde “el progreso para obtener mayor paz” no está predestinado. Un “mundo caótico” significaría un Estados Unidos “más pobre y con mayores riesgos.”

​-Susan Dudley, del Regulatory Center de George Washington University: Reducir las regulaciones gubernamentales. Dudley informa que ahora hay más de 70 agencias reguladoras federales con 300.000 trabajadores que produjeron 168.000 páginas de regulaciones. Algunas regulaciones, aunque a menudo ineficaces, sobreviven porque “se ganan un electorado y son casi imposibles de eliminar.”

​-William Gale, de la Brookings Institution: Reducir los déficits presupuestarios gravando principalmente a los ricos. La creciente deuda federal es nociva porque los préstamos desplazan las inversiones empresariales productivas. Es justo detener los déficits con los ricos porque los estudios sugieren que sus cargas fiscales más pesadas no penalizan el crecimiento económico.

​-Alan Viard, del American Enterprise Institute: Pasar del impuesto a los ingresos a un impuesto progresivo al consumo. El impuesto a los ingresos afecta a los ahorros y las inversiones dos veces. (Ejemplo: Las ganancias de las empresas se gravan en el nivel corporativo y nuevamente en el nivel individual cuando se reciben como dividendos.) Terminar con las cargas fiscales dobles estimularía las inversiones y el estándar de vida. Un impuesto progresivo al consumo gravaría los gastos de los individuos, no sus ahorros, a tasas cada vez más altas.

​Lo que aprendemos de esta pequeña muestra es que no hay consenso entre los economistas sobre cómo aumentar el crecimiento económico. Aparte de las perogrulladas acostumbradas (¡escuelas mejores!), lo que los economistas defienden típicamente refleja sus tendencias ideológicas y políticas.

​Eso no significa que no podamos hacer nada o que algunas políticas sean mejores (o peores) que otras. Estas decisiones y distinciones en su mayor parte encarnan experiencias, juicios y valores personales, y no un fundamento neutral de conocimientos científicos. Aún cuando existe un acuerdo general, adoptar políticas nuevas a menudo entra en conflicto con los grupos que se benefician del status quo.

​Casi todos desearían que el crecimiento económico de Estados Unidos fuera más rápido, con los beneficios distribuidos más ampliamente en todo el espectro económico. La redistribución es simple: Se toma de X y se da a Y. Estimular un crecimiento económico más rápido es un problema más difícil. La economía es tan grande y compleja, y está sujeta a tantas influencias (tecnología, cambios demográficos, ética laboral y especialización, desarrollos globales, etc.) que los efectos del cambio de una política específica, para bien o para mal, pueden verse abrumados por otros desarrollos.

​Luchar con éxito para lograr un crecimiento económico más rápido requiere paciencia y perspectiva. No hay una varita mágica.


© 2015, The Washington Post Writers Group


 

Imagen tomada de: www.cato.org


 

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