Los Jóvenes y la Paz

Por: Samuel Azout.

“Nada más poderoso que un joven hablándole a otro joven.” Michael Shipler


En Colombia hay más jóvenes (14-28) que nunca antes en su historia, aproximadamente 13 millones. Los jóvenes de un país son su fortaleza y su gran oportunidad para crecimiento y desarrollo. Desafortunadamente, en nuestro país muchos de ellos viven en zonas marginadas que los expone a riesgos: drogas, alcohol, prostitución, relaciones sexuales prematuras, embarazo de adolescentes, pandillas, micro tráfico, deserción escolar, abusos, maltratos y violaciones. Los costos sociales, humanos y económicos de esta realidad son enormes.

Ante la falta de alternativas, muchos de nuestros jóvenes terminan reclutados por guerrillas, pandillas o bandas criminales. Se estima que aproximadamente el 30% de los militantes de estos grupos ilegales son jóvenes. Así, de ser la esperanza de una Nación, los jóvenes pasan a ser una gran amenaza a la seguridad y la estabilidad social. Es realmente doloroso porque las investigaciones sugieren que si crecen en ambientes adecuados, son muy pocos los jóvenes que toman un camino de violencia e ilegalidad.

Las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales están tratando de concientizar a los gobiernos y a la población en general sobre el rol de los jóvenes en la construcción de paz y convivencia. Todavía estos esfuerzos son incipientes y no han logrado incidir de manera importante en la política pública. Aún observamos que la construcción de paz va por un lado y el desarrollo de jóvenes va por el otro.

Con pocas excepciones, desarrollo de juventud y paz obedecen a políticas independientes, no coordinadas entre sí. Esta es una debilidad en el diseño de la política pública. El Estado y las organizaciones multi laterales con el apoyo del sector privado deben realizar las inversiones necesarias para que los jóvenes tengan acceso a educación de calidad y oportunidades para insertarse en la vida política y económica del país.

Trabajando basados en cooperación y diálogo, jóvenes y adultos pueden prevenir violencia, extremismo e intolerancia. Si les damos las herramientas adecuadas, los jóvenes son capaces de liderar transformaciones realmente milagrosas. Desatando todo el potencial que tienen los jóvenes como actores de paz, la contribución al fin de la guerra y la violencia puede ser enorme.

El Artículo 3 del Acta de la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes compromete a los Estados a formular políticas y proponer programas que alienten y mantengan de modo permanente la contribución y el compromiso de los jóvenes con una cultura de paz y el respeto a los derechos humanos y a la difusión de los valores de la tolerancia y la justicia.

En Colombia, los jóvenes son vistos como víctimas o victimarios de la violencia. Un cambio de mentalidad nos debe llevar a ver a los jóvenes como agentes de cambio positivo en sus comunidades. Sabemos que su participación es esencial para construir cohesión social y prevenir conflictos.

Los jóvenes son nuestros mejores aliados para la paz.


 

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