Futuro no tan verde

Por: Juan David Cárdenas.

Los colombianos estamos padeciendo, como pocas veces con tanta intensidad, las consecuencias del cambio climático. Entre 2010 y 2011 Colombia vivió una de sus temporadas invernales más crudas que dejo victimas mortales y una cifra incalculable de daños materiales. Actualmente estamos experimentando la realidad contraria. La sequía tiene a miles de colombianos sin agua en sus municipios, con racionamiento en el servicio de energía y muchas ciudades que están experimentando un clima poco convencional.

La inquietud por los efectos del cambio climático trascendió ampliamente la simple discusión ambiental “técnica” y es hoy en día, a pesar de que ciertos sectores políticos insistan en negarlo, un problema político de orden global. Todos los países del mundo se están viendo afectados de distintas maneras por las consecuencias de los cambios que ven experimentando el planeta en términos medio ambientales.

La crisis del petróleo, los cambios geopolíticos y la alteración del “equilibrio de fuerzas” energético, sumado a la cada vez más creciente movilización social y política por la búsqueda de fuente alternativas de energía se contrapone a la intención de muchos gobiernos de fundar sus modelos de desarrollo sobre proyecto extractivos que van en contra de las urgencias que la misma realidad hace cada día más evidentes.

Es preocupante, o al menos inquietante, ver como muchas iniciativas, al menos desde el discurso, de muchos gobernantes del país, van en contravía de la realidad, evidenciando una completa falta de planeación y construcción de escenarios futuros que tengan en cuenta el cambio climático como una variable, una realidad, que no se puede subestimar o dejar de lado pensando en la supervivencia de la humanidad.

No es un secreto que la situación económica del país no es la más positiva. Pero tampoco es un secreto que el modelo extractivista minero no es el más apropiado para cumplir con el objetivo de “garantizar la sostenibilidad del medio ambiente” y mucho menos para que los colombianos tengamos garantizado el acceso de la realización de nuestros derechos fundamentales como la vida, en donde la preservación de los recursos naturales es un componente central esencial.

La venta de Isagen, la problemática ambiental y social por la represa del Quimbo y las declaraciones del Alcalde de Bogotá sobre la expansión urbanística dentro de las reservas naturales de la ciudad son suficiente motivos para prender la alarma entre la ciudadanía.

El futuro no pinta para nada verde. No es momento ni de negar, ni de subestimar el cambio climático. Mucha razón tenían algunos que ya no están en el poder al ponerlo en el centro del debate.


 

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