La cultura como solución o problema para el coronavirus

“Para lograr los grandes cambios hay que enfrentar la realidad”: Jack Welch


En este Post, quiero mostrar el efecto que tiene la cultura, para enfrentar el reto del coronavirus y las lecciones positivas que podemos sacar hacia adelante.. En medio de la oscuridad del momento, y sin ignorar la realidad, es necesario tener la capacidad de identificar los cambios positivos queya comienzan a emerger en estos meses y los que vamos a tener que hacer hacia adelante. En esto consiste la oportunidad que nos ofrece esta crisis.

Reconozcamos que vivimos en una sociedad donde el comportamiento individualista prima sobre el solidario, debilitado tremendamente los lazos sociales en una época de crisis como la actual.  También, que la marca de esta época es la falta de confianza, que se ha asentado como una nube negra que expone a graves riesgos a la sociedad, porque mina las relaciones y la capacidad institucional. 

Hay que aceptar, que lo más grave de estas características que tiene nuestra cultura, hacen mucho más difícil el lograr reacciones coordinadas y colectivas, para enfrentar un enemigo común como la pandemia del coronavirus. (Ver un blog anterior sobre la confianza)

Como lo comentaba en ese blog de hace unas semanas, antes de estallar la crisis, las encuestas mostraban que en Colombia desconfiamos de los vecinos, la policía, el ejército, etc. Los resultados no dejan títere con cabeza; muestran que tenemos unas bases muy débiles que minan la capacidad institucional para coordinar y responder a los peligros comunes como el actual. 

La descoordinación que se mostró al principio entre el Presidente Duque, la Alcaldesa de Bogotá y otros mandatarios regionales y locales, fue una evidencia clarísima de este problema que afecta a la sociedad colombiana. Este impase, que afortunadamente parece haber sido superado gracias a la gravedad del momento, ha permitido tener una mejor coordinación unificada desde lo nacional a lo local, y que espero se mantenga. Sin embargo, todavía es muy temprano para hacer una evaluación final de esta dinámica que es muy positiva para el país. 

La desconfianza, que hoy se ha vuelto un patrón que mina el capital social, es una característica cultural, que, junto con otros rasgos negativos, se vuelven tremendamente relevantes para enfrentar la crisis más grave de pandemia a escala mundial de los tiempos modernos. 

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Pixabay

Cuando esto sucede en países como el nuestro, con los rasgos culturales que nos caracterizan, tenemos un gran problema o una oportunidad. Y esta es una realidad que no podemos desconocer, porque se vuelve una prioridad para lograr los cambios que queremos lograr como sociedad, para poder aprovechar la oportunidad que ha surgido de la crisis del Cisne Negro del coronavirus. (Ver un blog anterior)

Abel Naranjo Villegas escribía en 1965 sobre los rasgos culturales en Colombia en esa época: “la malicia indígena, el capricho y la intrepidez, predominan sobre el razonamiento y la ponderación en situaciones apremiantes. Lo pasional prima sobre lo racional”. No ha cambiado mucho en cinco décadas, y yo le sumaría: la insolidaridad, la avivatés, el individualismo, la emotividad, a esa lista de atributos que no ayudan en momentos como el actual.

Es evidente que estas características culturales, son las menos adecuados para enfrentar colectivamente una epidemia tan grave que impacta nuestra sociedad, porque minan la capacidad de lograr la solidaridad y el compromiso emocional que las duras circunstancias ameritan. 

China generó el problema, y al ser una dictadura, trató de silenciar y castigar a los doctores que levantaron las señales de alerta. Y, sin embargo, despuésés de tres meses, la cultura de obediencia al Partido Comunista, les ha permitido frenar el crecimiento exponencial de la epidemia en ese país. En Singapur y Corea del Sur, sin ser unas dictaduras, pero si con una cultura influenciada por Confucio, donde se enfatiza el orden social y el respeto por las normasy la confianza institucional, les permitió actuar muy rápidamente y lograr un resultado similar. Estos ejemplos dejan una lección muy importante.

En estas culturas, donde hay reglas estrictas y castigos que gobiernan el accionar social, facilita un alto nivel de coordinación del gobierno central que garantiza el refuerzo de un mejor comportamiento y sometimiento en momentos de crisis. En donde esto no existe, como es el caso de Italia, Colombia, Estados Unidos, México o Brasil, hay una actitud  muy laxa, las reglas no se cumplen,  y el costo de no hacerlo es mínimo. Son países con una cultura muy individualista, permisiva y con muy baja sanción social.

Es interesante anotar también, que esas características culturales asiáticas, han permitido un mayor impacto de la tecnología para la detección y seguimiento a la epidemia. En China se utilizó la implementación masiva de cámaras y otros dispositivos para el seguimiento y confinamiento de sus ciudadanos. Pero también en Corea y Singapur, que tienen unos regímenes políticos distintos, la cultura de disciplina y el respeto ciudadano, facilito la utilización de la tecnología para la aplicación masiva de pruebas.

Pero hay buenas noticias a pesar de las consideraciones anteriores que muestran que podemos tener la esperanza de un cambio de comportamiento. En Bogotá y en otras ciudades del país, la gente acató la orden de simulacro y las calles quedaron vacías. Claudia López, alcaldesa de Bogotá, se ganó el respeto de la gente por la rapidez con la que actuó y la claridad de su mensaje. Es muy posible que los colombianos logremos unos aprendizajes que cambien la dinámica de desconfianza que hasta hace unas semanas estábamos mostrando.

Después de tres semanas de confinamiento, el Presidente Duque parece que finalmente encontró su norte y ha tomado el toro por los cuernos. Sus charlas diarias por la TV, y la forma didáctica y clara con la que lo está haciendo, envía una señal correcta y necesaria a la población. Es el liderazgo que se espera y se necesita,dada la gravedad del momento actual.

A nivel de los empresarios, en estos momentos tan difíciles, están viendo unos actos de solidaridad qué hay que reconocerlos y aplaudirlos. Familias como los Santo Domingo, Ardila, Sarmiento y Cortez, han aportado millones de dólares para enfrentar la crisis. Otros empresarios se han unido a causas como Colombia cuida a Colombia, para movilizar soluciones a temas concretos relacionados con la alimentación y la salud. Otros están participando activamente en iniciativas para dotar de la infraestructura que el País requiere para atender a los contagiados por el virusEs una demostración muy positiva de otra cara del sector empresarial en esta crisis.

Mientras tanto, el NY Times mostraba en un artículo reciente, un fenómeno muy distinto en los Estados Unidos que ha sido tradicionalmente uno de nuestros más importantes referentes culturales. Miles de gringos en la playa en Clearwater Fla el pasado 18 de marzo, ignoraron el llamado a recluirse para no exponerse al contagio al Covid-19. Ese mismo fenómeno se reportó en otras ciudades norteamericanas. En la actualidad el confinamiento no es nacional a pesar de la explosión de contagios y de muertos: más de 700.000 infectados y 37.000 decesos. Aquí si se está cumpliendo el deseo de Trump para su país: “AmericaFirst” en las estadísticas globales.

Como lo reportó el periódico en esos casos, son los “desafiantes e incrédulos” que no obedecen ni creen en la autoridad. Son personas que ven más motivos de recompensa que de riesgo, a pesar de que el fenómeno se expande exponencialmente en ese país. Se confunde de manera irresponsable la confianza con la inmunidad. “Si contraigo el coronavirus , bueno lo contraigo. Al final del día, no voy a permitir que me impida ir de parranda” . Es el impresionante testimonio de un joven entrevistado que se volvió viral en la TV.

En un estudio realizado por la profesora Michele Gelfand de la U de Maryland, y publicado recientemente en un libro de su autoría, muestra que los países que han padecido una historia de hambrunas, guerras y desastres naturales, han tenido posteriormente una cultura mucho más estricta donde las reglas se hacen cumplir y hay más orden social. Este tipo de cultura salva vidas cuando estalla una crisis como la actual del coronavirus. 

La autora de este estudiomuestra el contraste con las sociedades que no han experimentado grandes tragedias, por lo que son más permisivas. Ese es el caso norteamericano. Su cultura los hace mucho más expuestas porque no tienen los comportamientos necesarios para enfrentar este tipo de situaciones de responsabilidad social de manera colectiva y solidaria. Su tiempo de respuesta, a una amenaza como la actual, es mucho más lento y caótico, con altos niveles de descoordinación. El artículo del NY Times es un ejemplo impresionante de este problema. 

Para las nuevas generaciones, que han vivido un mundo donde la gratificación instantánea y la impaciencia, son dos de los rasgos que definen su cultura, la ruptura que está generando la crisis del coronavirus los debería estar invitando a reflexionar. Es una cultura de gratificación instantánea, donde todo lo que se quiere obtener está a un click: comprar por Amazon, ver una película por Netflix, usar Spotify para escuchar música, etc.

Pero también, es una cultura donde hay mucha permisividad de los padres para reprender a sus hijos, y hacer respetar la disciplina y el orden. Estos no adquieren los hábitos y los comportamientos que los hagan mejores ciudadanos cuando adultos. El resultado es que no se cuenta con las personas que más adelante van a responder colectivamente a situaciones como la que enfrentamos ahora.

Los avances que hemos tenido han traído muchas ventajas para la sociedad. Pero también, han generado unos peligros muy grandes. Cuando sucede un episodio de contagio como el de China, se ha visto que se puede extender muy lejos, impactar a mucha gente, y suceder a gran velocidad. Para evitar que esto pase se necesitan unas capacidades culturales que faciliten el responder a la misma velocidad y contundencia. 

Estas capacidades, son las que se han faltado en muchos países, como es el caso de Italia, que no reaccionó rápidamente, pagando en altísimo costo por ello. En Colombia, finalmente el Gobierno de Duque reaccionó, espoloneado por la decisión de Claudia López en Bogotá

Ahora estamos 49 millones de colombianos en cuarentena hasta finales de abril esperando que no haya sido muy tarde. Está por verse el cambio del comportamiento colectivo en esta gravísima e inédita situación. Los resultados de la respuesta en Bogotá permiten tener la esperanza de que nos vamos a sorprender positivamente. Ojalá sea así. 

Como lo menciona la DraGelfand“ en medio de la inmensa incertidumbre que estamosviviendo en la actualidad, es importante recordar que la trayectoria del virus, tiene que ver con la naturaleza del coronavirus, como con la cultura de la sociedad afectada por la enfermedad. Las sociedades con una cultura de poca confianza, disciplina y respeto por el orden social van a tener que hacer unos cambios muy drásticos hacia adelante” como sucedió con la generación que vivió las consecuencias de la II Guerra en Europa y en los Estados Unidos. 

En resumen, sociedades como la nuestra, no solo tenemos el reto de enfrentar la pandemia del coronavirus desde la perspectiva de salud pública, también hay otro reto, que, en mi concepto, es mucho mayor. Debemos reconocer el papel que juega el tipo de cultura que nos caracteriza. Hay que entender los aspectos que nos incapacitan para progresar y poder enfrentar los grandes retos en un mundo cada vez más volátil, incierto, cambiante y ambiguo.

Tenemos el reto de sostener los cambios positivos que se logren durante esta crisis. Para conseguirlo, también tenemos el desafío de generar un liderazgo colectivo que le devuelva la confianza a la sociedad. Ejemplos como los que está dando Claudia López al responsabilizarnos colectivamente por cumplir el aislamiento, apuntan en la dirección correcta y nos dan esperanza. Y si lo entendemos y actuamos en concordancia, “todo va a salir bien” como lo repite la alcaldesa todos los días, será una realidad. Habremos convertido la crisis más grave de la historia contemporánea en una gran oportunidad. 

Me refiero a la transformación cultural de nuestra sociedad, que sería un activo y un legado muy positivo de esta crisis, asociada a valores como la solidaridad, al colaboración, la empatía, que serán cada vez más importantes, para enfrentar los inmensos retos de la sociedad contemporánea.

Y como lo describe el periodista y autor Thomas Friedman en un reciente artículo en el NY Times, la respuesta cultural que sede en los 200 países, que hasta ahora han sido afectados, definirá  el antes del coronavirus (AC)y el cambio que nos espera después (DC). Lo que sí se puede apostar, es que no será igual. Ahora bien ¿será mejor?


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