El príncipe Ali, un militar que quiere poner orden como presidente de la FIFA

El príncipe de Jordania, Ali Bin Al Hussein, anunciando su candidatura para presidente de la FIFA. Septiembre 9, 2015. AFP PHOTO / KHALIL MAZRAAWI

El príncipe de Jordania, Ali Bin Al Hussein, anunciando su candidatura para presidente de la FIFA. Septiembre 9, 2015. AFP PHOTO / KHALIL MAZRAAWI


Con formación militar y rango de general en Jordania, el príncipe Ali Bin Al Hussein, hermanastro del rey Abdalá II, se presenta por segunda vez a las elecciones de la FIFA, aunque esta vez no tendrá como rival a Joseph Blatter, sino a Michel Platini, antiguo aliado.

Nada más anunciar su candidatura el presidente de la UEFA el pasado 29 de julio, Ali atacó a la persona que le apoyó en la elección de finales de mayo contra el presidente Blatter.

“Platini no es bueno para la FIFA. La cultura de los acuerdos en los pasillos, bajo cuerda, debe llegar a su fin”, denunció.

Si Ali, gracias en gran parte a los votos de las federaciones europeas, obligó a Blatter a una segunda vuelta (aunque se retiró antes de la votación, certificando la reelección del suizo), esta vez ha cortado los puentes con la UEFA, aunque eso no le desanimado presentarse a las elecciones del próximo 26 de febrero, según anunció este miércoles en Amán.

“Quiero terminar lo que empezamos”, dijo este miércoles para justificar su candidatura y, de paso, atacar a los que ahora se presentan: “Fui candidato porque estaba convencido de que la FIFA necesitaba un cambio. Y yo tuve el arrojo de luchar por el cambio cuando los otros tenían miedo”.

Casado desde 2004 con la experiodista argelina Rym Brahimi, el príncipe Ali, padre de un niño y una niña, sabe que su imagen ha quedado afectada en una parte de los estamentos deportivos mundiales con sus ataques a la persona que le apoyó, pero se juega el todo por el todo con un mensaje claro: romper con las “prácticas del pasado”, olvidando que él mismo fue vicepresidente de la FIFA hasta mayo de 2015 y es presidente de la federación de su país desde 1999.

El escándalo mayúsculo de corrupción que sacude a la FIFA desde mayo fue su principal baza en las elecciones pasadas, en las que trató de convencer a los delegados de las federaciones nacionales con un discurso educado, un trabajo incansable recorriendo el mundo y su entusiasmo por ser el capitán del barco en medio de la tormenta.

Habla perfectamente inglés y en su carácter pragmático y elegante en las formas ha tenido influencia la cultura anglosajona. Empezó formándose en Amán, pero luego pasó a vivir en Estados Unidos, donde se diplomó en 1993 en la Salisbury School, en el estado de Connecticut.

Luego le tocó cumplir con una tradición de la familia real jordana, la de adquirir formación militar y pasó a la Academia de Sandhurst, en Gran Bretaña. Con lo aprendido allí sirvió como jefe de la seguridad especial del rey jordano de 1999 a 2008, antes de volcar su trabajo en el deporte, su gran pasión, que divide entre la lucha grecorromana y en el fútbol, esa última con mayor intensidad en los últimos años.

¿Un presidente discreto?:

En estos últimos años ha ido adquiriendo notoriedad a pesar de adoptar un perfil bajo. Ha hecho de la limpieza, la honradez y la ética sus caballos de batalla, presentándose como el antídoto perfecto para llevar a la FIFA a una nueva época.

“El día en el que no se hable más del presidente de la FIFA será el día en el que la organización irá en la buena dirección”, afirmó en mayo, insistiendo en que no quiere ser protagonista sino motor del cambio.

En su despacho tiene una foto de su padre, el rey Hussein, que tuvo a Ali en su tercer matrimonio, con la reina Alia, una jordana de origen palestino que murió en un accidente de helicóptero en 1977, apenas dos años después del nacimiento del hombre que aspira a presidir la FIFA.

En sus años en el fútbol se ha esforzado especialmente por fomentar el fútbol juvenil y el femenino, y así lo ha hecho a través de un proyecto creado con su impulso, una asociación para la promoción del fútbol asiático (AFDP, sin ánimo lucrativo).

Sus dotes de negociador le permitieron además conseguir que la FIFA autorizara que las mujeres pudieran jugar con la cabeza cubierta, una medida considerada muy importante para el mundo musulmán.

“Soy un ferviente partidario del fútbol femenino. Quiero que todas las niñas y mujeres puedan jugar en ese gran deporte”, defiende. Una capacidad negociadora y una amplitud de miras que serán muy importantes si consigue finalmente tomar el mando del buque de una FIFA a la deriva. (AFP)

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