¡Caramba, tasas de interés ‘negativas’!

Por: Robert J. Samuelson.

WASHINGTON – A la larga lista de misterios económicos podemos agregar ahora las tasas de interés. Como todos saben, han estado bajísimas. Pero ahora nos encontramos con una novedad: tasas de interés negativas. Las entidades crediticias pagan ahora, en realidad, por el privilegio de permitir que alguien pida prestado su dinero. Está ocurriendo fuera de Estados Unidos, y se espera que la próxima medida de la Reserva Federal sea elevar las tasas. Aún así, no hay ningún motivo determinado por el que no pueda ocurrir aquí.

Las tasas bajas no son ninguna novedad. He aquí lo que publicó Bloomberg recientemente. Las tasas de depósito para los ahorristas norteamericanos promediaron un 0,72 por ciento para certificados de depósito de un año, y un 1,5 por ciento para CDs de cinco años. En un bono del Tesoro de Estados Unidos de 10 años, el rendimiento era del 2 por ciento. En el exterior, algunas tasas fueron más bajas. Los bonos alemanes de 10 años daban un 0,37 por ciento. Los bonos de 10 años de Reino Unido y España, alrededor de un 1,6 por ciento.

Mientras tanto, los prestatarios se benefician. Las tasas de cinco años para préstamos en la compra de automóviles eran del 3 por ciento; en las hipotecas fijas de 30 años para viviendas, las tasas eran del 3,9 por ciento. Pero ¿tasas negativas?

En la práctica, he aquí lo que ocurre. Los bonos se cotizan en mercados, como las acciones. Sus precios pueden subir o bajar dependiendo de las condiciones económicas o de los acontecimientos políticos. Cuando el precio de un bono sube, su tasa de interés cae. Consideremos un bono de 1.000 dólares que se expidió inicialmente con una tasa de interés del 3 por ciento. Si el precio de mercado del bono después se eleva a 1.500 dólares, la tasa de interés efectiva del bono cae a un 2 por ciento.

Es así como las tasas de interés de los bonos pueden volverse negativas. Si el precio de un bono sube lo suficiente, los pagos de su interés original no cubrirán el costo de mercado del bono. “Compro un bono por 1.000 dólares y me dan de vuelta 950 dólares —ésa es una tasa de interés negativa,” expresa el economista Mark Zandi, de Moody’s Analytics. En enero, unos 3,6 billones de dólares en bonos del gobierno —en su mayoría europeos y japoneses—desarrollaron tasas de interés negativas, calculan los analistas de JPMorgan con sede en Londres.

Hablando en general, hubo dos explicaciones para ese fenómeno, aunque ambas se excluyen mutuamente.

La primera es que las tasas de interés negativas, aunque inesperadas, son resultado de las políticas de dinero fácil de los bancos centrales gubernamentales. Su compra de bonos (conocida como “facilitación cuantitativa” o QE, por sus siglas en inglés) echó dinero en los mercados financieros, bajando así las tasas. Aunque la Reserva Federal detuvo nuevas compras de bonos, el Banco de Japón y el Banco Central Europeo (BCE) continúan sus programas. El BCE prometió comprar 1,3 billones de bonos para septiembre de 2016.

Anteriormente en 2012, el BCE prometió respaldar los bonos de los países de la zona del euro; eso ayudó a bajar las tasas drásticamente. (Grecia sigue siendo una excepción, porque su nuevo gobierno se niega a avalar un plan de rescate aceptado por el gobierno anterior.) Pero casi nadie anticipó que esas medidas producirían tasas de interés negativas.

La segunda explicación es que la débil economía mundial sofocó la inflación y la demanda de crédito. Las empresas no quieren expandirse; los consumidores temen una deuda excesiva. La débil demanda global podría producir una amplia caída de los precios (“deflación”), siendo el petróleo un precursor. Dependiendo de la severidad de la deflación, las tasas de interés negativas podrían ser entonces beneficiosas porque se devolvería el dinero de los inversores en dinero más valioso.

Las pruebas de esta teoría son mixtas. Es cierto, la perezosa economía mundial suprimió las presiones sobre los precios. En la zona del euro, los precios al consumidor (menos la energía) subieron un mero 0,4 por ciento en el pasado año. Pero la demanda de crédito, aunque no es robusta, no se ha derrumbado. Un estudio del McKinsey Global Institute halla que el crédito en todo el mundo creció un 40 por ciento de fines de 2007 a mediados de 2014.

Que los bonos se negocien con tasas de interés negativas no significa que se realicen muchas compras a esas tasas. “No entiendo por qué nadie aguantaría las tasas de interés negativas,” dice Richard Sylla, historiador financiero de New York University y co-autor de “A History of Interest Rates.” “Le iría mejor a uno se retuviera efectivo.” Algunos bancos europeos cobran ahora por los depósitos en efectivo; en esos casos, comprar bonos con tasas de interés negativas podría tener sentido, dice Sylla.

La fuga de capital de inversores ricos explica parte de la demanda de bonos del gobierno, dice Zandi. “Cada vez que hay un punto conflictivo podemos ver que el efectivo fluye a bonos del Tesoro de Estados Unidos —los títulos más seguros,” afirma. Los bonos del Tesoro de Estados Unidos no están aún en territorio negativo, pero otros bonos gubernamentales que desempeñan el mismo papel lo están, dice Zandi. Los inversores quieren proteger su principal y pueden considerar las tasas levemente negativas como un seguro contra pérdidas mayores.

Por el momento, las tasas de interés negativas son una curiosidad producto del mercado. Pero ¿qué sucederá si los gobiernos y corporaciones comienzan a vender bonos que se inician con tasas negativas? En ese caso entraremos en territorio totalmente ignoto.


(c) 2015, Washington Post Writers Group


 

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