Transformar estiércol de vacas en electricidad es buen negocio en una granja de Estados Unidos

Para muchos establecimientos ganaderos, el estiércol puede ser un problema. En la granja lechera estadounidense Homestead Dairy, sin embargo, huele como dinero: un sistema de recuperación de biogás transforma allí el estiércol de las vacas y otros desechos en electricidad.

Suficiente electricidad, de hecho, para dar luz a 1.000 hogares, un servicio por el que la compañía local paga generosamente.

Pero ese es solo un beneficio adicional. “Funciona económicamente pero una de las principales razones por las que lo hicimos fue para intentar ayudar a controlar el olor, por los vecinos”, indicó Floyd Houin, cuya familia es dueña de esta granja en Plymouth, Indiana (centro) desde 1945.

“La tierra es importante para nosotros también porque cultivamos para alimentar a las vacas. Por eso queremos hacer todo lo que podamos para cuidar la tierra y el agua. Bebemos la misma agua que todos los demás”, explicó.

Los establecimientos ganaderos de Estados Unidos en general vierten sus desechos en lagunas abiertas y su hedor no los hace muy populares en la vecindad. Estas lagunas también tienen un impacto ambiental significativo porque emiten metano y dióxido de carbono -que contribuyen al calentamiento global- y pueden contaminar las aguas subterráneas si sufren fugas o se desbordan durante las lluvias intensas.

Instalar un digestor anaeróbico -básicamente un cobertizo gigante que utiliza el calor para acelerar la descomposición- permite capturar tanto el olor como los gases de efecto invernadero.


 

Ryan Rogers revisa el generador en Homestead Dairy, Plymouth, Indiana on July 13, 2015. AFP PHOTO/MIRA OBERMAN

Ryan Rogers revisa el generador en Homestead Dairy, Plymouth, Indiana on July 13, 2015. AFP PHOTO/MIRA OBERMAN


Energía para un millón de hogares:

La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos estima que más de tres millones de toneladas de gases de efecto invernadero fueron eliminadas el año pasado por Homestead y los otros 246 establecimientos ganaderos que han instalado sistemas de recuperación de biogás. Eso equivale a sacar más de 630.000 automóviles de las calles.

Hay unos 8.000 establecimientos lecheros o de cría de cerdos en Estados Unidos lo suficientemente grandes como para que sea viable instalar un sistema de recuperación de biogás.

La EPA estima que podrían generar suficiente electricidad como para alimentar a más de un millón de hogares y reducir emisiones equivalentes a las de casi cuatro millones de automóviles.

La recuperación de biogás también está siendo utilizada para capturar metano de vertederos y plantas de tratamiento de aguas residuales, e incluso en fábricas de cerveza artesanal.

Según Allison Costa, de la unidad AgStar de la EPA, el gobierno “está comprometido” en realizar avances en este terreno y una extensión de este sistema “podría ayudar a lograr avances significativos en algunos de nuestros desafíos ambientales y energéticos”.

El problema, explicó Costa, es que implica una enorme inversión y la mayoría de las compañías de servicios públicos de Estados Unidos no pagarán lo suficiente por la electricidad como para que el proyecto sea atractivo para quienes otorgan préstamos bancarios. También requiere mucho mantenimiento, para el que muchos establecimientos no tienen personal. Pero cuando funciona, destacó Costa, realmente lo hace.

Una buena inversión:

Ryan Rogers, de 31 años, ama a su digestor. “Tiene tantas (cosas) buenas”, dice Rogers, casado con una integrante de la familia Homestead y que dedica unas cuatro horas por día al mantenimiento y administración del digestor.

Eso incluye controlar el olor de los 70.000 galones de estiércol y orina producidos cada día por las 3.400 vacas lecheras.  El digestor transforma además el estiércol en fertilizante, lo que implica un mayor rendimiento de las 4.500 acres de cultivos de maíz. Una vez que se extrae el fertilizante, lo que queda es utilizado para crear suaves lechos para las vacas.

La familia logró un préstamo para cubrir parte del costo del digestor y el contacto con la compañía local de electricidad. Reciben además dinero extra -y combustible para los generadores- cobrándole menos que el vertedero local a restaurantes y plantas de procesamiento de alimentos por hacerse cargo de sus desechos.

“Es un terreno que crece en Estados Unidos”, dijo Mike Fenton de Michigan CAT, que vende los generadores Caterpillar que utiliza Homestead. Aunque el costo inicial es grande -un sistema como el de Homestead cuesta unos 6 millones de dólares- Fenton asegura que es una buena inversión. Además, la mayoría de los establecimientos puede pagarlo y comenzar a obtener ganancias en tres a cinco años, aseguró. (AFP)


 

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