Patagonia chilena alberga uno de los mayores yacimientos de fósiles de dinosaurios

Después de varias jornadas de trabajo, unos huesos azulados llamaron la atención de un grupo de científicos que explora la agreste Patagonia chilena, que se cree es uno de los mayores yacimientos de fósiles de dinosaurios.

El hallazgo correspondería a un Terópodo, un dinosaurio carnívoro del que se tienen muy pocos registros y que se cree que sería el más austral de Sudamérica.

“El Terópodo es como un rockstar, es muy escaso. Son bastante interesantes para el estudio de la reconstrucción de las condiciones geográficas de esa época”, explicó el paleontólogo Sergio Soto, miembro del equipo de 20 científicos que se trasladó a fines de febrero hasta el cerro Guido, en la Patagonia chilena, donde fue encontrado uno de los mayores reservorios de fósiles de Sudamérica.

Carnívoro, de unos tres metros y medio de altura, el Terópodo es un predador que se encontraba en las zonas donde la carne abundaba.

Su aparición en la Tierra se remonta a 228 millones de años y, tras la extinción masiva de los dinosaurios hace 66 millones de años, sus únicos supervivientes son las aves modernas.

El material encontrado se quedó en el cerro, no lo pudimos sacar pero está marcado. Volveremos a hacer una búsqueda más exhaustiva y luego estudios para determinar qué tipo de Terópodo es: Marcelo Leppe, jefe de la expedición y del Departamento Científico del Instituto Antártico Chileno (Inach).

Una caja de sorpresas:

En medio de la agreste Patagonia chilena, el cerro Guido es todavía una caja de sorpresas para los científicos.

Siete años después de los primeros hallazgos, 20 científicos de diferentes ramas de la paleontología que se trasladaron hasta el lugar, descubriendo que el reservorio era mucho más grande lo previsto inicialmente y alcanzaba unos siete kilómetros de extensión.

Hasta ahora, en el lugar se han encontrado unos cuatro tipos diferentes de dinosaurios, entre ellos el Saurópodo, el más grande de Sudamérica, junto a fósiles de Nothofagus, los árboles más antiguos de América, y vestigios de Hadrosaurios.

El hallazgo de este enorme reservorio de fósiles se dio por casualidad en 2009, en medio de exploraciones petroleras en esta agreste y deshabitada zona de la Patagonia chilena, a unos 3.000 km al sur de Santiago.

En términos de todo lo que existe en cuanto a la era de los dinosaurios, no hay nada que se compare en Chile a este yacimiento de Cerro Guido. Y a nivel de Sudamérica es uno de los más importantes: Marcelo Leppe.

Todos los hallazgos se encuentran en muy buenas condiciones y los científicos creen permitirán entender cómo fue la distribución de estos animales prehistóricos en la zona, descifrar las características del entorno en el que vivían y determinar el momento de su desaparición.

Asimismo, refuerzan la teoría de que los dinosaurios y las flores migraron entre la Antártida y Sudamérica hace 68 millones de años, gracias a puentes de hielo, nieve y tierra que salieron a la superficie tras el descenso del mar producido por una brusca caída de la temperatura.

Desafiando a la naturaleza:

Ubicado en una de las zonas más aisladas de la Patagonia, a pocos kilómetros de la frontera con Argentina, los científicos debieron desafiar duras condiciones para llegar hasta el cerro Guido, ubicado a cinco kilómetros de cualquier contacto humano. Ahí, en medio de la nada, el equipo armó su campamento de trabajo.

Desde allí a las excavaciones los científicos debieron trepar un cerro de más de 1.000 metros de altura y caminar otros dos kilómetros, soportando el fuerte viento y el frío típicos de este lugar. Los investigadores hicieron tres excavaciones a lo largo de los siete kilómetros del yacimiento. Armados con picos y palas, horadaron la tierra y desenterraron de las fosas algunos huesos de Saurópodo y de Hadrosaurio.

También hallaron algunos huesos de reptiles marinos, fósiles de tortugas, más de 50 especies de invertebrados y al menos 40 especies distintas de plantas, flores y hojas de árboles.

“Lo de las plantas es interesante porque nos ayuda a conocer cómo ha ido cambiando la flora durante ese lapso, y los dinosaurios que se alimentaban de esta”, afirma Sergio Soto.

Armados de brochas y con gran delicadeza, los científicos limpiaron los huesos de la tierra que los cubría hasta dejarlos a la vista. Pero ante el clima hostil, decidieron dejarlos marcados con yeso y piedras para sacarlos en una próxima expedición.

El clima les juega en contra, ya que los exploradores solo pueden trabajar algunas semanas del verano austral.

“Tenemos al menos 25 años más de estudios en esta zona ante la extensión de terreno a la que nos enfrentamos”, afirmó Leppe, quien próximamente regresará al lugar en busca de nuevos restos de dinosaurios. AFP


 

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