Qué explica el bajo costo de mentir en la política

Por: Francisco Manrique

En medio de la confusión de una pandemia que se ha extendido vertiginosamente en los últimos tres meses, han aparecido muchas afirmaciones falsas sobre lo que está sucediendo. Algunas han sido hechas por dirigentes políticos como Trump, para quien mentir ha sido un hábito desde que asumió la presidencia. En el mes de marzo, lo llevó a negar irresponsablemente la vulnerabilidad del sistema de salud de su país, ante la llegada del coronavirus, y el año pasado, a desconocer el impacto del calentamiento global, al retirarse del Acuerdo de Paris.

Las consecuencias de estas posturas han sido gravísimas. La demora en reconocer el peligro del covid-19, disparó la epidemia en los Estados Unidos, país que hoy muestra el mayor número de casos de muerte en el mundo. Solo, cuando ya no podía ocultar más la realidad, Trump se vió forzado a declarar una emergencia nacional de salud, suspender los vuelos con Europa, cerrar las universidades y los colegios.

Su estúpida actitud en esta crisis es la misma que ha tenido al negar el cambio climático. En este caso, las consecuencias en el mediano y largo plazo podrán ser muchísimo más devastadoras para su país, y para el mundo entero. Por eso es importante ponerle mucha atención al comportamiento cada vez más aberrante de varios dirigentes políticos, que han hecho de la mentira, una herramienta muy peligrosa.


política fake news

Pixabay


Cuando el mentir se ha convertido en algo normal, o el difundir noticias falsas es cada vez más común en las redes sociales, es pertinente hacerse dos preguntas: ¿por qué la gente es tan crédula?  y ¿por qué los dirigentes políticos pagan un costo tan bajo por su deshonestidad?

Para poder responder estos interrogantes, me puse a leer diferentes artículos que se han divulgado sobre la materia. A finales del año pasando, The Economist publicó un trabajo de la revista Psychological Review titulado “El perro emocional y su cola racional”, en donde se muestra el poder de las emociones para influenciar las decisiones morales y las justificaciones que utilizan las personas. Es una reflexión pertinente para entender mejor el mundo de mentiras en el que nos movemos en la actualidad.

No es nuevo la utilización de las mentiras, por parte de los políticos, para conseguir sus fines, pero si lo es, la tendencia del uso  de la tecnología digital para amplificar su impacto. El Twitter está detrás de este fenómeno. Esta plataforma, le ha permitido a tipos como Trump, aprovechar su alcance para mantener el nivel de apoyo de sus votantes, a quienes no parece afectarles su forma descarada de mentir.

En estos días, salió la noticia de que esta empresa, había amenazado con cerrarle la cuenta a este señor por sus twits incendiarios. Ha sido escandaloso ver a Trump defender abiertamente el racismo y la violencia oficial, con motivo del asesinato de George Floyd, a manos de tres policías en Minneapolis. En los Estados Unidos, este crimen, ha disparado las protestas contra el racismo y los abusos de la fuerza por parte de los cuerpos de policía.

Personajes como Boris Johnson y Trump, han sido tremendamente cuestionados por sus mentiras y comportamientos poco éticos. Gracias al pésimo ejemplo de estos dos políticos, que hoy dirigen los destinos de las democracias que solían ser las más admiradas del mundo, han llevado el uso del engaño y la mentira a unos niveles asombrosos y muy peligrosos.

El comportamiento de este par de individuos, están enviando permanentemente un mensaje perverso, cuando pueden mentir impunemente, sin pagar ningún costo por ello. Al revés, en cuanto más irresponsables se comportan, sus votantes más los premian. A Johnson lo subieron al poder y le dieron una carta blanca para el “Brexit”. No sería nada extraño, que Trump fuera reelegido en noviembre, a pesar del ambiente tan turbulento que hoy se vive en los Estados Unidos.

Buscando entender el por qué, dos tipos como estos, han logrado el respaldo político de sus seguidores, se hizo un estudio sobre el comportamiento de estos votantes hecho en Brigham Young University. En este trabajo se evidenció que, las personas que apoyan a personajes como Trump, lo hacen más por la lealtad personal, que por ser el vocero de una visión y unas políticas que comparten. La lealtad está por encima de la ideología y de las mentiras que el dirigente político diga. Este fenómeno lo hemos vivido con Uribe, especialmente durante el plebiscito sobre el acuerdo de paz.

En otros estudios que se han hecho, se ha demostrado que a la gente le cuesta mucho trabajo detectar a las personas que mienten. Esta dificultad también la tienen los expertos de la Policía y las agencias de inteligencia, a pesar de que han sido entrenados para hacer entrevistas con este propósito.

Quienes están estudiando este fenómeno tienen una hipótesis: la evolución de la especie humana puede ser una razón del porqué la gente es tan crédula. Las relaciones entre las personas  necesitan de  una mínima  presunción de honestidad para facilitar la comunicación. El no hacerlo, significaría que habría que validar cada afirmación hecha por la otra persona, lo cual sería imposible. El problema es que se aumenta la probabilidad de ser engañados y manipulados por quienes saben explotar esta debilidad.

El comentario anterior sirve para explicar el porqué, en un mundo de políticos mentiroso y noticias falsas, se ha aumentado la tendencia natural de creer sin cuestionar. En otro estudio hecho  por la revista Science, se demostró que las afirmaciones y noticias falsas, se expanden mucho más rápidamente y calan de manera más profunda que la verdad.

Por el impacto tan negativo, que está teniendo dirigentes como Trump y Johnson, y el daño que están produciendo en la credibilidad de las instituciones democráticas en sus países, se ha despertado un interés creciente  sobre el papel de las mentiras en el campo de la política. Lo que se ha descubierto es muy sorprendente: este tipo de personas mantienen el nivel de aprobación entre sus votantes, a pesar de que éstos no confíen de la misma manera en su capacidad de decir la verdad.

La explicación a este fenómeno está en un estudio realizado hace tres lustros en Emory University, en un muestreo de resonancia magnética hecho a personas de los dos partidos en Estados Unidos. Las mentiras a las que fueron sometidos, no dispararon una respuesta en las áreas del cerebro relacionadas con la razón pero si con las áreas de la emoción. Esto hace que la intuición, que es una respuesta emocional, refuerce el sesgo de interpretar la información que confirme lo que ya pensamos.

Estos trabajos, también sirven para entender el por qué, las personas de derecha o de izquierda, buscan los medios de noticias que les confirman sus creencias. Esta tendencia les ayuda a preservar la autoimagen y la que otros pueden tener de ellos, así como su aceptación dentro de un grupo. En estos estudios, se evidencia que el sentido de identidad está asociando cada vez más, con el partido o la ideología que tenga una persona.

Otro estudio de la Universidad de Cornell, mostró cómo las noticias falsas, los sesgos de interpretación, y el asumir que la gente está diciendo la verdad, se refuerzan entre sí, y exponen a la gente a aceptar las mentiras sin cuestionar. Especialmente, si estas mentiras refuerzan las creencias que se tienen de una situación.

En este trabajo, se muestra cómo reacciona una persona cuando hay una posición mayoritaria que contradice una creencia muy fuerte sobre algún tema. En estos casos, esta persona busca fuentes minoritarias con una opinión distinta y que le refuercen su creencia. El mejor ejemplo hoy en día es el de la gente que desconoce la posición mayoritaria sobre los daños del calentamiento global basada en la evidencia de los datos. Se recurre a las opiniones minoritarias que los desconocen o lo niegan.

Esta dinámica creciente de ignorar los datos y los hechos que contradicen las creencias preconcebidas e infundadas, es una de las razones poderosas detrás de la aceptación de las mentiras y las noticias falsas que hoy carcomen la confianza de la sociedad, especialmente en el entorno de la política. Y esto también explica la inflexibilidad que refuerza las posturas ideológicas extremas que no se ajustan cuando los hechos cambian.


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