Los cambios que se vienen y el rol del liderazgo en la crisis

Por: Francisco Manrique

Desde que se inició la cuarentena a principios de marzo, he venido cubriendo diferentes temas relacionados con el momento actual y que no habían sido tratados por los medios y formadores de opinión. Pero también, de señalar el difícil acto de malabarismo de enfrentar simultáneamente la crisis actual, sin descuidar los cambios que nos pueden esperan en el futuro.

A partir de esta semana, y durante el próximo mes, voy a compartir con el lector los resultados de una investigación que hecho, basada en publicaciones nacionales e internacionales que he leído durante la cuarentena, así como en las conversaciones que he tenido con muchas gente, sobre los posibles cambios que nos esperan hacia adelante.

Hoy ya es evidente la magnitud del impacto del coronavirus en la salud y la economía. Por lo tanto, hay varias preguntas que se deben formular: ¿Qué va a cambiar y qué va a permanecer?. ¿Cómo estabilizar hoy la epidemia, y evitar el colapso de la economía, mientras se piensa en los eventuales cambios que se van a producir? ¿Cómo nos preparamos para ellos?. ¿Qué oportunidades aparecen? ¿Quien va a liderar esos cambios?

En 1996, McGraw Hill publicó mi libro: “Un cambio de época no una época de cambios”. Este título adquiere muchísima vigencia 24 años más tarde. No es una coincidencia que Henry Kissinger, piense que el mundo no será igual después de esta crisis del coronavirus y expresaba recientemente: “estamos viviendo un cambio de época donde el reto es manejar simultáneamente la crisis y construir el futuro”.

Uno de los socios de McKinsey, la firma consultora internacional, escribía después del colapso financiero del 2008: “Para algunas organizaciones, la supervivencia es el único ítem en su agenda. Otras están viendo a través de la niebla de la incertidumbre, pensando en cómo posicionarse una vez haya pasado la crisis y se retorne a la nueva normalidad. La pregunta es ¿como será está? Mientras que no sabemos cuánto tiempo va durar la situación, lo que vamos a encontrar al otros lado no va a lucir como el normal de antes de la crisis”

La crisis de coronavirus sucede, en un momento cuando se aumentado la polarización entre las grandes potencias, “ y cuando el nivel de incompetencia en los altos niveles gubernamentales es espantoso”, como lo manifestaba recientemente el columnista inglés Martín Wolf. Es un momento histórico, donde hay una inmensa duda, de si los gobernantes que tenemos, dan la talla para enfrentar la crisis actual.

El mismo columnista escribía: “no conocemos el futuro pero si sabemos como deberíamos de tratar de modelarlo. ¿Lo lograremos? Esa es la pregunta y me da mucho miedo la respuesta”. Su preocupación, nos invita  a pensar sobre los cambios que se avecinan.

En un artículo reciente en el Guardián leía lo siguiente: “No hay que perder de vista que las grandes crisis definen la Historia y desnudan la realidad de una sociedad. Quien tiene más o quien menos, quien tiene el poder, y que es lo que la gente valora y a que le tema. Son momentos donde se muestra que es lo que está roto y que queda reflejado en pequeñas historias. Hay que gente que se concentra en lo que se pierde y otros en lo que se gana. Poco a poco va apareciendo la silueta de lo nuevo que emerge”.

En estos momentos, la racionalidad indicaría que los cambios deberían estar orientados a una mayor internacionalización de la respuesta a la pandemia. Sin embargo, estamos viendo un giro muy preocupante hacia el aislamiento y cierre de fronteras. Los brotes de racismo y xenofobia son más frecuentes en este momento, como lo documenta Wikipedia en 35 países.

Hoy hay algo que va quedando cada vez más claro: la respuesta a las preguntas iniciales,  a la preocupación de Wolf, y las otras reflexiones, va a depender de la calidad del liderazgo y de las decisiones, que nuestro dirigentes muestren en materia de política pública, en las próximas semanas.

Pero también, de las decisiones que tomemos todos, de ser parte de la solución y no del problema. Y sobre todo, si entendemos que, los valores de la colaboración y la solidaridad, serán cada vez más indispensables para enfrentar colectivamente el inmenso reto que tenemos como sociedad. Todo lo anterior va a definir cómo saldremos retratados en la Historia.

Cambios en el liderazgo

Uno de los múltiples impactos  de la crisis, que ha generado la pandemia del coronavirus, es el sentido de desorientación en la gente. Como hemos visto en esta serie sobre los cambios, casi no hay un solo aspecto de nuestras vidas que no haya sido tocado por sus efectos.

Cambio y liderazgo son la cara y el sello de la misma moneda. Como resultado de lo anterior, surge la pregunta obligada de los efectos de la crisis en el ejercicio de liderazgo. No creo que haya un mejor momento para referirme a este tema, porque se va a poner a prueba esta capacidad para lograr y orientar los cambio  a todos los niveles de la sociedad.

liderazgo persona jefe

Pixabay

La desorientación producida por la crisis actual, sobrepasa la capacidad de manejo emocional de mucha gente, y con un potencial impacto negativo en su salud mental. En estas circunstancias, no sirven los mecanismos tradicionales de dirección basados en el mando y el control, utilizados  en otras circunstancias.

Lo que se necesita ahora y hacia adelante, es un ejercicio de liderazgo que haga una diferencia positiva en la vida de la gente, en medio de unas condiciones tan difíciles. Estamos viviendo unas circunstancias donde se han roto muchos supuestos y equilibrios, en un entorno de aislamiento y separación de los vínculos emocionales de soporte. Se está generando mucha angustia, negación, rabia y depresión.

No solo para la coyuntura actual, sino para orientar los efectos hacia adelante, se necesita un liderazgo especialmente sensible ante la tragedia humana que estamos viviendo y sus efectos posteriores. Esto implica estar sintonizados con la ansiedad y el miedos de la gente. También, estar conectados con sus necesidades inmediatas, pero ayudándolos a ponerle la luz a los posibles escenarios que van a enfrentar en el futuro mediato y más lejano.

En diferentes niveles de la sociedad, se va a requerir un liderazgo muy visible y que oriente a la gente, en momentos donde  están buscando respuestas fáciles, que no existen, a una situación inédita y muy compleja. El peligro, es que las personas llamadas a ejercer este liderazgo, al tener que admitir que no saben, también están expuestas a sus propios miedos y vulnerabilidad. Esta dinámica la deben de vivir quiénes tienen el rol de liderar en todos los niveles de la sociedad, desde la cabeza del estado, los gobernadores y los alcaldes, hasta los directivos de las organizaciones y los líderes sociales.

El cambio que se debe dar en el ejercicio de liderazgo, no solo implica el ayudar a una comunidad a hacer sentido de un momento tan complejo, para que superen el trauma y el estrés al que están sometidos, honrando el miedo que pueden sentir y que es legítimo en estos momentos tan difíciles. Pero también retándolos a visualizar las oportunidades que pueden surgir. Esto implica tener conciencia de lo que está sucediendo, demostrar vulnerabilidad como ya se dijo, pero también empatía para sintonizarse con el otro, y actuar con compasión para hacer sentir qué hay  genuino interés por cuidar a los demás.

El cambio más grande, para quienes ejercer el liderazgo en este “cambio de época”, es el de desaprender a suprimir las emociones y a no expresarlas con vulnerabilidad. El momento actual es altamente emocional y exige una capacidad interior genuina y muy fina para escuchar y sintonizarse con esta realidad. También, se necesita abandonar la orientación al control, cuando en la actualidad lo único qué hay es incertidumbre y ambigüedad.

Como lo menciona Ronald Heifetz, Peofesor de liderazgo de Harvard en sus libros, para el ejercicio de liderazgo es fundamental permitir que la gente sienta la presión, pero cuidando de no sobrepasar el punto de cocción, como se hace con una hoya express. En el caso de esta crisis, es fundamental permitir que la gente sienta el trauma y las reacciones emocionales que se producen, para que asuman un papel más protagónico y responsable en la solución. Para quien lidera, también significa reconocer la manera como personalmente las procesa y lo afectan, y así tener la capacidad de identificarlas en otros a quien quiere ayudar.

Reconocer los propios miedos y exponer la vulnerabilidad, permite una mayor conexión con la gente porque se percibe más autenticidad que esencial para generar confianza y credibilidad. Sobre estas bases, es posible orientarlos mejor, al poder darle nombre y significado a lo que está sucediendo, y a las emociones que se están sintiendo.

Cuando el ejercicio del liderazgo funciona, es más fácil crear un espacio seguro con un clima de solidaridad, inclusión, apertura para el intercambio de experiencias. Se ayuda a disminuir la ansiedad, el miedo y la percepción  de los riesgos y de la incertidumbre.

Un reto y la vez un cambio, es aprovechar la crisis para repensarnos como sociedad, e imaginarnos hacia adelante como debería ser un mejor futuro o ese “nuevo normal”. Crear una visión colectiva de futuro es de la esencia del liderazgo y ha sido un tema que ha estado ausente en la agenda de nuestro país.

El punto anterior es igualmente válido para las organizaciones, las comunidades y las familias. Tener un propósito común, es un reto fundamental del liderazgo, que permite canalizar la energía colectiva, para preparar lo que sigue, y dejar atrás el trauma, la rabia y el miedo generado  por  la crisis. Despertar la esperanza debe ser una parte fundamental de la agenda emergente  de los próximos meses.

Otro cambio al que podemos y debemos aspirar, es lograr contar con suficientes ejemplos visibles de personas en nuestra sociedad, que supieron ejercer muy bien su rol de liderazgo en esta época tan crítica, para que nos sirvan de modelos de rol positivos e inviten a su emulación. La ausencia de estos ejemplos, es una de las características más preocupantes de la sociedad colombiana.

En relación al punto anterior, hay que resaltar el ejercicio del liderazgo de las mujeres en su rol de presidentas, primeras ministras o alcaidesas. Han demostrado un manejo excepcional en esta época tan compleja porque han actuado más rápidamente, y lo han hecho con más conexión y sensibilidad. Esto va a acelerar la credibilidad hacia el cambio del papel de las mujeres en nuestra sociedad. Los ejemplo de la señora Merkel en Alemania, la señora Arden en Nueva Zelandia, o la señora Solberg en Noruega han sido notorios en esta crisis.

Pero al final el más grande reto en el cambio del ejercicio de liderazgo, se deberá reflejar en tener personas que nos reten a todos a contestar las siguientes preguntas fundamentales: ¿Qué queremos como sociedad después de esta crisis? ¿Qué debe continuar? Y ¿Qué es lo que debemos cambiar?  No hay que olvidar que la esencia del ejercicio del liderazgo: hacer una diferencia positiva en la vida de la gente


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