El espejo del Salvador: II parte

Por: Francisco Manrique.

En mi Post anterior, El espejo del Salvador: una llamada a la cordura para Colombia, hice el esfuerzo de resumir los principales puntos de la argumentación que hace Joaquín Villalobos, en el ensayo que advierte el gran riesgo de la salvadorización de Colombia, dados los diferentes elementos que hoy muestra El Salvador después de 25 años de haber firmado la paz.

Los comentarios de este brillante analista, no podían ser más oportunos para el momento actual en nuestro país. En este Post voy a aterrizar estas reflexiones para el caso colombiano.

La tesis del autor, está centrada en el inmenso daño que le hizo la polarización a su nación. Su reflexión se enfoca en los efectos nefastos que hoy enfrentan, gracias a la incapacidad de los partidos políticos dominantes, de derecha y de izquierda, así como de las élites económicas, que no previeron los efectos tan negativos de este proceso para la sociedad.


Farc PDET

AFP PHOTO / LUIS ROBAYO


Ahora veamos la relevancia de estos comentarios sobre la realidad del Salvador en el caso colombiano, y entendamos el porque  es un espejo tan pertinente para analizar y aprender de él.

Para comenzar, el tema es relevante por una razón de fondo. Santos va a dejar el poder con un país muy polarizado, y probablemente con problemas muy serios de gobernabilidad. El partido mayoritario de la U se está desmoronando, así como la coalición que lo acompañó durante el proceso con las FARC. Hoy vemos con asombro, como 28 de los aspirantes a llegar a la presidencia de Colombia, lo están haciendo por fuera de los partidos tradicionales.

Después de 16 años de Uribe y Santos en el poder, Colombia contó con una causa que aglutinó al país. Durante los dos periodos del primero, era derrotar a las FARC. Durante los periodos de Santos, el villano fue el mismo pero la aproximación no lo fue. Y esto, entre otras cosas, generó una profunda división entre estos dos dirigentes políticos.

Por esta razón, ese grupo guerrillero, terminó dividiendo a las élites políticas, cuando Santos entendió que tenía  que explorar caminos distintos al uso de la fuerza. Uribe lo intentó y no lo logró aunque si los debilitó. Por eso, al final de su segundo periodo, trató de sentar a las FARC en un proceso de negociación. Las discrepancias de fondo y problemas personales, los distanciaron cada día más.

A pesar de estas diferencias, hay un común denominador entre los dos: contaron con la gobernabilidad que les dio la reelección, y tuvieron unas mayorías en el Congreso, con las cuales pudieron mover muchas de sus iniciativas. Hoy, la situación pinta muy distinta para quien asuma la Presidencia en el 2018. Y lo es, por varias realidades que nos aproximan a las condiciones salvadoreñas, explicadas por Villalobos.

La paz firmada con las FARC, que a pesar de ser un valor superior de union, se convirtió en elemento para la gran polarización. La democracia colombiana, a pesar de ser más robusta que la del Salvador, gracias a los escándalos de corrupción recientes, se ha puesto en evidencia muchas de las debilidades que comprometen su funcionamiento.

Al igual que el país centroamericano, el Estado es muy débil para enfrentar los inmensos retos en el post conflicto derribados de los acuerdos con las FARC. Y también, porque el mismo proceso, que tuvo una feroz oposición de Uribe, generó un gran desgaste en la imagen del Presidente Santos y de otras instituciones.

Y la situación se ha agravado aún más, por que el cancer de la corrupción se ha extendido, y también ha invadido el aparato de la Justicia hasta las más altas Cortes. Las encuestas muestran una situación tan deplorable como en El Salvador. El 83% desaprueba su funcionamiento según la encuesta de Gallup esta semana, y el 89% desaprueba los partidos políticos. Peor no se podía estar.!!!.

Adicionalmente a lo anterior, la bonanza de los precios de los commodities fue desaprovechada por estos dos dirigentes políticos. No tuvieron la previsión de ahorrar para las vacas flacas como si lo hicieron Perú y Chile. Irresponsablemente, la financiación del  presupuesto del Estado, se dejó llegar a unos niveles de dependencia muy altos de los precios del petróleo.

Las medidas que habrá que tomar para encarrilar de nuevo a la economía, sobre bases más sólidas de crecimiento, van a ser variadas. Se va a necesitar de una visión compartida sobre lo que queremos lograr como país. Se va a requerir de la capacidad de llegar a acuerdos. Y se va necesitar movilizar el mejor talento e ideas de nuestra gente, para enfrentar los grandes retos que nos esperan hacia adelante.

El manejo prudente de la macro economía, que ha caracterizado a Colombia, ya no va ser suficiente. El desafío será también la micro economía, acompañada de un estilo de político diferente, y de un liderazgo que ha estado ausente.

El próximo periodo presidencial, además de no contar con la reelección, encontrará las arcas del Estado muy debilitadas y unos compromisos muy grandes por cuenta de los acuerdos con las FARC. Y al igual que en El Salvador, unos dirigentes desgastados, unos partidos cuestionados y tremendamente debilitados, y la actividad política desprestigiada.

En un entorno con estas características, es muy difícil atraer a la gente con talento. Hay un costo muy alto de exponer el prestigio, el patrimonio, e inclusive la libertad. El caso de Andrés Camargo y Luis Fernado Andrade desnuda esta realidad. Dos ejecutivos brillantes en el sector privado que quisieron servir a su país con un desgaste totalmente inmerecido.

Ahora bien, el ejercicio de la política también perdió su norte. El uso de las mentiras y el miedo, para atizar el odio y la division, y así motivar la emocionalidad por encima de la racionalidad, ha remplazado el planteamiento de las ideas. Como en El Salvador, se ha utilizado la lógica política absurda “de polarizar para ganar”.

Y vale recordar las advertencias de Villalobos: “Competir desde los antoagonismos extremos crea un círculo vicioso destructivo encadenado en los antivalores del miedo, el odio, la division, el conflicto, la crisis, y la ingobernabilidad”. Pero además, el activar el miedo es fácil, pero reunificar un país dividido por el odio puede volverse imposible.

Hoy, este lamentable proceder, es la nueva forma de construir identidad y lealtad de los incautos votantes, que aceptan sin pensar, lo que diga su “líder” en el mundo de la post verdad.  Pero también, es tal la animadversión entre Uribe y Santos, que como ha sucedido en El Salvador, el pactar un acuerdo se ha vuelto misión imposible. Como se ven las cosas, quien llegue a la Presidencia en el 2018, tiene una alta probabilidad de ingobernabilidad y de polarización.

Bajo estas condiciones, corremos el peligro de también pasar de “lo sublime a lo ridículo” como lo planteó Villalobos, al referirse a la situación actual de su país. Después de 25 años, no fueron capaces de convertir la oportunidad del acuerdo de paz, logrado en un instante de lucidez, y hoy tienen un desastre por los inmensos problemas que enfrentan como sociedad.

Usando el espejo del Salvador, Villalobos hace una advertencia inteligente: “No es el acuerdo de paz, lo que debe preocupar a los colombianos, sino la polarización política extrema que ya está en desarrollo en Colombia”. Este problema es el que va a impedir que superemos el más sangriento capítulo de nuestra historia, aprovechando la oportunidad para proyectarnos como sociedad hacia el futuro. Nuestros dirigentes políticos, como en el Salvador, también están amarrados a la emocionalidad del pasado.

Y al igual que en ese pais, no es el proceso de paz, que ha sido reconocido internacionalmente, el que puede fallar, son las élites que han manejado los hilos del poder, los que no han estado a la altura del reto de unir a un país y de liderar los cambios que se necesitan. Para estas personas, el lema parece ser el de “volvamos al pasado”.

Y al igual que en país centroamericano, es increíble que las élites no estén preocupadas por los perversos efectos de la polarización que hemos tenido durante los dos periodos de Santos. La ceguera y la irresponsabilidad de nuestros dirigentes políticos, son una condición muy preocupante de nuestra realidad actual. Podemos caer fácilmente en la misma dinámica “del sabotaje mutuo”, en la que están inmersos los partidos de ARENA y el FMNL.

Otro problema que nos conecta con El Salvador, son las bandas crimínales que serán un obstáculo  creciente para la seguridad interna, como lo han sido en ese caso. La diferencia grande, es que las Fuerzas Armas y la Policia en Colombia, han demostrado su profesionalismo reconocido internacionalmente para enfrentar las diferentes formas de delincuencia.

El problema está más en la capacidad de las otras entidades del Estado, de acompañarlos en la toma del territorio que estaba bajo el control de las Farc. Para no hablar, de tener la capacidad  de controlar el aumento explosivo de los cultivos de la coca, que se han salido de madre en los últimos dos años. Ese es otro cáncer que tenemos que enfrentar como sociedad, y que le añade fuego a la hoguera de los problemas de orden público en una geografía tan compleja como la nuestra.

Como se puede observar, hay muchas coincidencias con el caso de El Salvador. Eso es lo que ha motivado a Villalobos a compartir su visión y experiencia. Pero sin embargo, hay muchas diferencias que dan algo de optimismo de que saldremos adelante. Y aquí cito textualmente a este analista:

“A lo largo de más de cuarenta años, las élites políticas colombianas, a pesar de sus diferencias, han mostrado madurez para enfrentar con éxito la violencia y la transformación del país. Se han derrotado los carteles de la droga, desmovilizado la guerrilla y los paramilitares, recuperado territorios dominados por estos grupos armados, aumentado la fuerza pública y elevado su eficiencia, incorporado los derechos humanos en la seguridad, pactado la paz con las FARC, transformado la economía y cambiado la imagen del país en el mundo.

En abril del 2012 la revista Time escribía: “Colombia pasó de un Estado casi fallidos a jugador Global”

Las elecciones del 2018, gracias a factores internos y externos , están alimentando una competencia destructiva. Serán una prueba de la madurez para la clase política, hoy movilizada por las emociones, cuando debe de imperar la racionalidad”.

Al finalizar su documento, Villalobos muestra un resumen de cuales son los elementos de la agenda que está polarizando a Colombia. Aquí hago una transcripción abreviada de los mismos
  1. Las FARC, el  ELN y el paramilitarismo como referentes de la competencia electoral. Estos se han convertido en los elementos de una narrativa que se puede quedar para siempre, y sobre la base de viejas ideas, cuando lo que se necesita son nuevas perspectivas.
  2. El proceso de pacificación y las culpas sobre el pasado. Hay un alto riesgo de engancharse en la Justicia Transicional por enfatizar la emocionalidad más que la racionalidad.
  3. La crisis terminal del régimen chavista. El haber recurrido de manera muy pragmática al apoyo de Venezuela, se ha convertido en un motivo de division profunda entre las élites,  y el combustible para alimentar el miedo del “castrochavismo”
  4. El temor al ascenso electoral de la izquierda democrática. Para muchos de la derecha, como sucedió en El Salvador, no pueden concebir que haya una apertura pluralista e incluyente, en el ejercicio de la política. Esto genera miedos e inseguridades en las élites
  5. La transición de la corrupción a la transparencia. Un tema nuevo en la agenda política, que seguramente va a definir el resultado electoral en el 2018. Lo que era normal ha dejado de serlo, gracias a los grandes escándalos recientes. Se demanda la transparencia.
  6. Religión y cambio cultural urbano. Es el resultado de la transición de un país rural a uno urbano, lo que conlleva cambios culturales profundos en la sociedad alrededor de temas como el género, el aborto, el tratamiento de las minorías, etc.
  7. Colombia está a tiempo de prevenir. La nueva realidad significa enfrentar nuevos retos sin aumentar la polarización y el uso del miedo, como instrumento político emocional e irracional, para dividir a quienes apoyan el sistema, como ya ocurrió en El Salvador.
Espero haber podido hacer un aporte al proceso de reflexión y de cordura, aprovechando el extraordinario documento de Joaquín Villalobos de cara a las elecciones del 2018. Son muchas las consideraciones que debemos de tener presentes, para no cometer los mismos errores que El Salvador, con el agravante de que en Colombia, tendrían un impacto mucho más grande dada el tamaño del país y la historia violenta de tantas décadas.

Hay que agradecerle a este analista que nos hubiera prestado el espejo de su país.

PD: les recomiendo el artículo de Luis Carlos Velez en El Espectador.


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