Florece un mercado en torno al cultivo del cannabis en Uruguay

Marihuana


“Tu Jardín” está patas arriba y los obreros trabajan a contrarreloj para abrir cuanto antes sus puertas en uno de los ejes comerciales de Montevideo. Es la última de una veintena de tiendas de cultivo de marihuana inauguradas en Uruguay en los últimos dos años.

Con la legalización de la producción y venta del cannabis en diciembre de 2013, el entonces presidente José Mujica sembró la semilla de un mercado que crece con fuerza de la mano de jóvenes que ven la marihuana como una manera de vivir.

“Tu Jardín” empezó como sitio web en 2012 y, tras la nueva ley, llegó la primera tienda, en una zona turística al este de Uruguay. “Sabemos que esto recién comienza y hay mercado para todos”, asegura Marcelo Cabrera, de 34 años, socio de la empresa.

Cabrera, como otros propietarios de “grow shops”, evita dar una cifra de crecimiento del negocio. Todo fue “con mucho esfuerzo y poco a poco, porque los márgenes (de ganancia) son pequeños”, explica.

“Ha crecido el negocio. Los turistas buscan souvenirs y los locales, todo lo necesario para cultivar y fumar”, secunda Enrique Tubino, de 29 años, uno de los dos hermanos fundadores de Yuyo Brothers, una tienda pionera en estampar en 2002 la hoja de marihuana en su logotipo. “La ley ayuda: viene gente de Argentina y Brasil a buscar productos acá”, señala.

Semillas, sustratos, fertilizantes… “Con la legalización nos hemos hecho agricultores y ahora ¡compramos hasta microscopios!”, bromeó un humorista durante la Copa Cannabis, un concurso que premia la mejor marihuana del año y que en su cuarta edición en Uruguay congregó el 19 de julio a 1.200 simpatizantes, según los organizadores.

“Urugrow” fue la primera tienda dedicada al cultivo de cannabis. Desde 2012 vende su propio sustrato orgánico. “Fue nuestro primer producto y es el que más vende”, cuenta Manuel Varela (26 años), copropietario del negocio que calcula que al principio vendían unos 200 litros semanales de este líquido y ahora ya despachan 1.500.

Actualmente su mayor inversión es en publicidad “para tener presencia en un momento en que está llegando mucha competencia”.

La mayoría de los productos siguen siendo, sin embargo, importados. Marcas especializadas en el cultivo de marihuana y firmas del sector agrícola en general ven en este país un mercado a explotar.

Una ley en proceso: 

Uno de los terrenos más inciertos es todavía el comercio de semillas, que no está prohibido, pero tampoco regulado, por lo que se recurre a una importación en el limbo de la ley. “Se podrían importar si en el exterior no fuera ilegal exportarlas”, explica Laura Blanco, presidenta de la Asociación de Estudios del Cannabis (AECU).

Los folletos de los bancos de semillas proliferan y es fácil encontrar quién las comercializa. Otra alternativa es hacer la compra directamente por internet.

En Uruguay hay unos 20.000 autocultivadores, según cálculos de AECU, y unos 15 clubes de cultivo colectivo con derecho a plantar hasta 99 plantas cada uno. El gobierno está en proceso de licitar a proveedores para venta en farmacias de dosis de marihuana recreativa a consumidores registrados. Cualquier otro comercio de esta droga está prohibido.

Consultado sobre el mercado vinculado a este cultivo, el oficial Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) no respondió a las peticiones de información de la AFP.

Tras el oro verde:

Más allá del pequeño comercio, los inversores más ambiciosos investigan cómo sacar partido al cáñamo no psicoactivo, utilizado para producir biocombustibles, textiles, o en alimentación y cosméticos. Las primeras siembras están en curso.

Fábio Bastos, emprendedor brasileño, tiene prevista su primera siega para enero de 2016 y las 40 hectáreas que plantó -20 para la producción de fibra y 20 para investigar los usos medicinales del cáñamo- ya están vendidas.

Sediña, su marca, nació hace un año con una inversión de 150.000 dólares y ahora tiene un valor superior a los cinco millones, cuenta Bastos, convencido de que el mercado se extenderá a los países vecinos. “Mi objetivo es ampliar el negocio a Brasil, mucho más grande y con más potencial de venta”, dice el fundador de la empresa, que exporta a Canadá y a China, a donde tiene una delegación para estudiar el mercado.

Otra de sus ambiciones es buscar remedios económicos para enfermedades como el cáncer o la epilepsia. Por esto, la mitad de su cultivo está destinado a la investigación sobre marihuana medicinal, para lo que se alió con algunos de los “laboratorios y farmacias más importantes de Brasil”, asegura, aunque evita dar sus nombres.

The Latin American Hemp Trading, otra de las empresas pioneras en cultivar cáñamo no recreativo, siembra a nivel experimental desde 2010, buscando junto al Instituto Nacioanal de Investigación Agropecuaria (INIA) las variedades que mejor se adaptan al suelo y al clima uruguayos.

“El desarrollo será ahora comercial, para producir fibra y grano (alimentos) con el objetivo de exportar al hemisferio norte”, explica Fabrizio Giamberini, socio fundador de la empresa, sobre un mercado difícil de cuantificar pero que augura prometedor. (AFP)


 

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