Las divergencias que nos matan

Por: David Juliao Esparragoza.

Gratamente sorprendido me encuentro después de asistir al conversatorio “Business Culture in the European Union: perspective of international students” realizado por estudiantes nacionales y extranjeros de la Escuela de Negocios donde se evidencia que el acceso a la experiencia internacional comprueba y valida las teorías que se consolidan en el entendimiento de la cultura como motor de comportamientos.

La exposición me recordó los abismos evidentes que en términos de ley, moral y cultura tenemos los que habitamos en Colombia y especialmente los trabajos que realizó el doctor Mockus al poner a prueba las teorías que hacen explícitas las condiciones subyacentes de comportamientos y su relación con el progreso del país.

Recuerdo que el profesor Mockus explicaba de forma clara que cuando la relación entre los tres elementos: ley, moral y cultura era tan abismal en un país se evidencia un entorpecimiento en sus instituciones y con ello una ralentización de los motores del desarrollo.

Es nefasto pensar hoy que los condicionantes en términos de hábitos y patrones que encontramos en la sociedad se exacerben en vez de ser conducidos de forma cuidadosa y prolija por la sociedad. Que sean las funciones básicas de la cultura (la recompensa y el castigo) una balanza justa para reflejar las instituciones que queremos. Que sea nuestro direccionamiento como sociedad el que nos lleve a ser mejores en lo que hagamos y pensar siempre en los futuros juicios morales a los que podemos ser llevados como sociedad un facilitador de opciones.

Bien lo recordaba Gary Hammel en su libro lo que importa ahora donde pone de manifiesto que los grandes gerentes, léase tomadores de decisiones, son los que están llamado a obrar en justicia, equidad y prudencia.

Sigamos siendo esos maestros incansables no de palabra sino de actos para costruir siempre un mejor lugar para todos y evitar esas divergencias que nos matan…


 

 

 

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