Esta es la nueva alternativa ecológica a la fibra textil tradicional, y se produce en Latinoamérica

El día de la Tierra es un gran momento para recordar que no podemos seguir pensando en rentabilidad si no pensamos en el planeta. La llamada “fibra de celulosa”, una alternativa ecológica a fibras textiles tradicionales, puede ayudar mucho.

El día de la Tierra es un gran momento para recordar que no habrá forma de hacer una transición hacia una economía más ecológica si esa transición no va de la mano con la creación de rentabilidad.


fibra textil BID Invest


Por: Hilen Meirovich y Guillermo Foscarini

Todos entendemos la necesidad de manejo sostenible de los recursos y de mayor trazabilidad en los productos finales que consumimos. Los consumidores finales nos estamos concientizando a pasos agigantados. Es por ello que las empresas que ofrezcan productos que respeten el medio ambiente, siendo más baratos que los que sustituyen, tendrán todas las de ganar.

La “fibra de celulosa”, una alternativa textil al algodón y al poliéster, es un perfecto ejemplo de todas estas características. Este producto, que representa en torno al 6% de los textiles producidos actualmente, se produce con fibras textiles a base de la celulosa de la madera, con lo que es biodegradable.

Este fibra sirve para la fabricación no sólo de textiles. También hablamos de mascarillas anti-contagio como las que todos usamos en estos tiempos, productos de higiene e incluso aislamientos térmicos para domicilios, que permiten la rebaja de los costos de calefacción y son más fácilmente reciclables que otros productos de aislamiento.

La base de este producto de propiedades casi milagrosas es la pasta de madera en disolución (llamada DWP por sus siglas en inglés) que se produce en plantas de pulpa de madera localizadas en zonas con posibilidad de contar con este recurso cultivado de manera sostenible. Como lo es, por ejemplo, las plantaciones forestales comerciales en América Latina y el Caribe (ALC) donde el crecimiento de este mercado ha sido exponencial pasando de un 3% de la producción mundial total en los 1960s al 13% en el 2017 .

Aquí es muy importante aclarar que hablamos de madera procedente de la gestión sostenible de bosques certificados: esta fibra no se fabrica arrasando la Amazonía, sino plantando bosques dedicados, que son mantenidos y replantados para garantizar la producción.

Sin ir más lejos, el año pasado BID Invest colideró un ambicioso financiamiento de US$1.100 millones para la empresa brasileña LD Celulose, para construir una de las plantas de pulpa de madera en disolución más grandes del mundo en el estado de Minas Gerais, en Brasil.

Gráfico

Este es un proyecto emblemático y ya premiado, con la participación de la agencia estatal de crédito a la exportación Finnvera y siete bancos comerciales. La planta, que aspira a ser la más eficiente a nivel mundial, busca fortalecer la competitividad de la industria de la celulosa de Brasil al tiempo que apoya los esfuerzos del país hacia la mitigación del cambio climático.

LD Celulose está construyendo una planta de DWP, junto con una planta de cogeneración, con una capacidad de 144 megavatios, que redundará en adicionales efectos positivos al medioambiente. Esto permitirá alimentar la red pública con energía renovable generada como bioelectricidad. La empresa también plantará y administrará de manera sostenible aproximadamente 70.000 hectáreas de plantaciones de eucalipto con las que espera producir 50.000 toneladas de DWP por año.

Brasil es uno de los países productores de pulpa más competitivos del mundo, debido principalmente a sus condiciones climáticas, suelos favorables, y alta productividad forestal. El sector emplea a unas 350.000 personas, principalmente en áreas rurales, representando el 4,2% de las exportaciones del país.

La clave del éxito de la fibra de celulosa está en su combinación de bajo costo con bajo impacto climático. Puede parecer increíble, pero la industria textil mundial produce más emisiones de CO2 que todos los vuelos internacionales y el sector de transporte marítimo combinados, motivo por el cual hace años que se buscan alternativas de alta tecnología a los productos disponibles.

Una de las claves del problema es que los textiles convencionales no son biodegradables: se usan un tiempo, y después acaban en basureros o incinerados; además, cuando se lavan algunos textiles liberan microfibras de plástico, con 500.000 toneladas de ellas acabando en los océanos cada año. Por otra parte, la producción de algodón presenta grandes desafíos ambientales y sociales en muchas partes del mundo. La fibra de celulosa, con su base orgánica, no tiene ninguno de estos dos problemas.

¿Más ventajas? La fibra de celulosa redunda en menor consumo de agua, ya que precisa de mucha menos para su fabricación que las fibras convencionales. Y ya ha llegado al mundo de la moda, con colecciones íntegramente de este tipo de textil.

En un momento clave para el planeta, el paso hacia modos de producción más ecológicos es clave para el futuro de todos, y nuevas tecnologías de este tipo serán un foco persistente para entidades como BID Invest. Este foco será necesario para implementar nuestra estrategia de Invertir en Revertir, con la ambición de catalizar recursos hacia proyectos sostenibles en la economía real, con efecto multiplicador.


Nota publicada en el blog “BID Invest – Negocios sostenibles”, reproducido en PCNPost con autorización.


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SOURCE: BID Invest

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