El auge de las armas y la crisis de la razón

Por: Sthefanny Gallo Herrera.

Este artículo describe brevemente cual ha sido el papel de las armas en la historia de la humanidad, y cómo éstas son un componente de la cultura nacional y pieza clave del conflicto. Se advierte sobre el fenómeno de la privatización de la seguridad a nivel mundial, alimentada por la debilidad de los Estados; del apego al conflicto; y de la rentabilidad del negocio de las armas. Se habla de la necesidad de hacer sobre estos temas un debate ético y un análisis desde la perspectiva del constitucionalismo moderno.

El tema de las armas está ligado desde tiempos inmemoriales a la historia de la humanidad, historia que ha sido más generosa con las armas cuyo uso ha sido simbolizado y defendido, que con la paz.


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Observador de la ONU revisando las armas entregadas por la guerrilla de las FARC, Buenos Aires, Cauca, Colombia, junio 13, 2017. AFP PHOTO / FARC


Ni las leyes sin armas, ni armas sin leyes, pregonaban en el ágora los panegíricos del combate, los estrategas de la batalla, para quienes el conflicto era apenas una saludable reacción a la rutina social y un estimulante ejercicio para renovar las destrezas militares del imperio romano. No en vano, la guerra de las Galias de Julio César, se ha considerado como uno de los tratados más completos sobre el arte de la guerra y de la política.

Sobre el derechos a portar armas es apodíctico Tácito, el célebre historiador latino, cuando afirmaba que la frámea o la lanza arrojadiza era la toga de los germanos, queriendo decir con esto que el arma identificada al cuidadano libre.

Era la guerra la que ennoblecía la singladura de los nobles, la que hacía decente la existencia de la soldadesca, la que protegía los dogmas de la iglesia y en fin, la razón de los reinos y de los imperios. El religioso Bernardino de Escalante, autor de un consultado texto intitulado “ Diálogos del arte militar”, les reprochaba a los padres y a los educadores que les prohibieran a los jóvenes el ejercicio de la milicia y que los prepararan para la vida cortesana, una actividad, para él, ociosa e improductiva.

Por otra parte las armas se sacan casi siempre sin razón, las más de las veces para segar la vida de un compatriota o para encontrar en su uso el valor que la naturaleza nos ha negado.

En la Constitución de 1886 que fue producto de la derrota de los radicales en la guerra de 1885 y que defenestró la Constitución de Rionegro, se dispuso el monopolio del Estado en la importación y en la tenencia de las armas. Pero esa fue norma tímida, coyunturtal, porque todos sabemos que Colombia es un país armado de odios y pistolas, de pasiones y fusiles y de facciones y tratados.

Las nueve guerras civiles de alacance nacional que ocurrieron en el siglo XIX en Colombia, la más de sesenta revueltas, golpes y alzamientos que sucedieron en ese siglo y el permanente estado de crispación que producen los asaltos, los atentados y las agresiones de que son víctimas tantos connacionales inocentes, certifican la devoción que le tenemos al conflicto y el desprecio que le  profesamos a la ley.

Sobre la seguridad y admitiendo que la mayor parte de los enfrentamientos armados son de carácter interno, muchos analistas coinciden en que la defensa  de los ciudadanos afectados por el conflicto, solo será posible con un buen funcionamiento del monopolio del uso de la fuerza. Así, la policía, el ejército y los organismos militares y secretos, están sujetos al control ciudadano, el que debe tener rango constitucional.

La guerra siempre se ha proscrito, pero como suele suceder con lo prohibido, jamás decae y siempre está vigente. Para erradicarla bastaría enumerar las bondades de la paz y los males de la guerra para que los gobiernos de todas las ideologías la desterraran, pero ese sería un enfoque muy racionalista, demasiado sencillo y si se quiere equivocado. Cuando concluye la guerra comienzan los horrores de la paz, es una sentencia que recoge el descrédito de los procesos de un dinamizador del desarrollo, como lo predican los belicistas para quieres ha sido más fuerte el poder de los fusiles que el poder de los tratados, para quienes un armisticio es una tregua para volver a la lucha, y para quienes una mesa de negociación es la forma más inteligente de mantener un conflicto.

En la actualidad muchas agrupaciones militares extra estatales juegan un papel decisivo en los conflictos, al punto de que la expresión “la privatización de la guerra”, que se caracteriza por las complejas relaciones entre bandas terroristas , paramilitares, mercenarios y empresas privadas de seguridad, está vulnerando el monopolio estatal del uso de la fuerza, que más que un privilegio es un principio del constitucionalismo contemporáneo.

Sobre la seguridad y admitiendo que la mayor parte de enfrentamientos armados son de carácter interno, muchos analistas coinciden en que la defensa de los ciudadanos afectados por el conflicto, solo será posible con un buen funcionamiento del monopolio del uso de la fuerza.

Así, la policia, el ejército y los organismos militares y secretos, están sujetos al control ciudadano, el que debe tener rango constitucional.


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