Los desafíos de un presidente…

Por: Francisco Manrique.

A medida que se avecinan las elecciones presidenciales de noviembre en los Estados Unidos, y la campaña entre Trump y Clinton se calienta cada día más, han aparecido muchos artículos sobre el tema.

En la  revista Time, así como en diferentes diarios de circulación nacional, como el New York Times, el Washington Post y el Financial Times, he podido leer  análisis muy interesantes sobre el proceso electoral de ese país y  los dos candidatos que hoy se enfrentan.

Estas elecciones  son un tema que trasciende las fronteras norteamericanas, por el rol que este pais juega, y por el poder que seguirá teniendo en el concierto mundial. Para el caso colombiano, debido a las relaciones tan estrechas que tenemos a todos los niveles con los norteamericanos, lo que allí suceda el próximo 8 de noviembre, cuando se elija al Presidente, nos debe preocupar e interesar a todos. Pero también, debemos aprovechar los análisis de la situación política que se vive en ese pais, porque nos pueden servir dentro de dos años, cuando se elija al sucesor de Santos.

La campaña política norteamericana, así como los resultados recientes en la Gran Bretaña y Colombia, han puesto en entredicho la experiencia y la experticia de las personas que pretenden liderar los procesos políticos an la actualidad. Hoy, las élites de todo tipo, en el gobierno, a nivel corporativo, incluyendo a los intelectuales, están siendo atacados por el populismo en diferentes partes del mundo.


Estados Unidos partidos Trump Clinton

Archivo. Combinación de fotos: Hillary Clinton, octubre 13, 2015, y Donald Trump October 14, 2015 en Richmond, Virginia. AFP PHOTO


En este entorno, los candidatos populistas, como Trump, se han convertido en un referéndum contra las credenciales de una élite calificada, y “se le está dando más peso al machismo, al nacionalismo y la habilidad de manipular la información”. Pero yo añadiría también, el mentir sistemáticamente, sacando temas vitales fuera de contexto, se ha puesto de moda en países como los Estados Unidos y en Colombia. Claramente lo fue en la Gran Bretaña durante el referéndum.

Hoy, afirmar cosas que no son verdad, no tiene un alto costo político. De hecho, las mentiras repetidas mil veces, se convierten en verdades no cuestionadas. Joseph Goebles, en la Alemania Nazi, fue el maestro en el arte de usar las mentiras con objetivos políticos. En la actualidad, parece que estas tienen mayor importancia a la hora de votar,  que los análisis informados y el uso  inteligente de los datos, a la hora de elegir un presidente o decidir el futuro de un país en un referéndum.

Como hoy se observa en los Estados Unidos, el show mediático y la superficialidad descarada, se tomó el centro del proceso político para promover las pasiones más bajas en los votantes. El uso que ha hecho Trump, de tácticas totalmente cuestionables, y sin antecedentes recientes en el proceso electoral norteamericano, afortunadamente ha enfocado una buena parte de los artículos de estos meses, en las condiciones personales que debe de tener quien aspire a ser el presidente de  ese país.

En la revista Time, analizando la dinámica política actual, se mencionaba recientemente que la predecibilidad del Presidente, es uno de los aspectos que más se valora en el mundo de la política, la diplomacia y en los mercados financieros. Este comentario surge a la luz de los planteamientos  irresponsables de Trump, que pueden tener consecuencias impredecibles.  Este personaje  ha demostrado un gran desprecio y desconocimiento,  en relación a temas tan sensibles, como el cumplimiento de los tratados de defensa de la NATO, y los acuerdos comerciales firmados por su país.

Y de ahí la pertinencia del comentario hecho en la publicación de esta revista  en julio 25 de este año: “Los presidentes de un país pueden ser agentes de cambio, pero a su vez, son los custodios del orden social y político de una nación, lo cual requiere sofisticación, balance, y ser fluidos en el vocabulario básico del gobierno y del arte del Estado”.

Es fundamental entender que, el éxito o el fracaso de un presidente, depende de cómo es él, lo que sabe, en lo que cree, el como ejecuta lo que promete, como se comporta en público y en privado, y aún su estado emocional. Un presidente es una figura central de la política de un país, donde las deficiencias en cualquiera de estos campos, pueden traer graves consecuencias para mucha gente. Una persona inestable, como parece que es Trump, sería un peligro para el mundo.

Por la razón anterior, para ser presidente de una nación, además de la predecibilidad, se necesitan muchas otras cosas, que los analistas que siguen la contienda en los Estados Unidos,  han traído a colación en estos días. Veamos.

Se necesita un presidente que tome la decisión consciente de educarse en las normas de los asuntos nacionales e internacionales. No puede ser superficial en esta materia porque sus decisiones tienen un gran impacto. El no hacerlo conduce a la confusión y no a la orientación de su gente. Los candidatos populistas, que como Trump son adictos a crear el caos durante la campaña, someten a un país a grandes riesgos si llegan a ser elegidos presidentes.

Se necesita un presidente que tenga un buen juicio, modestia, y sea seguro de sí mismo. Alguien que tenga un entendimiento de las restricciones constitucionales e históricas que debe manejar. Pero además, una persona que esté consciente de sus limitaciones, para escoger a quienes pueden ayudarlo con la experiencia y el consejo que requiere su cargo.

Se necesita un presidente que no tiene que conocer todos los detalles, pues es imposible que lo haga. Sin embargo, si  tiene que tener la confianza de tomar buenas decisiones, apoyándose en su inteligencia, habilidad y temperamento, aprovechando también la inteligencia colectiva de sus asesores. Pero no menos importante es que, estas decisiones, deben estar enmarcadas en un juego de valores,  que le den confianza y transparencia a la rectitud de sus acciones.

Como los explicaba Jhon F Kennedy, un presidente debe estar rodeado de consejos divergentes, que son esenciales para el proceso de tomar una decisión. En estos momentos, no solamente se necesitan buenas ideas, también es necesario tener un sentido de las posibilidades y las limitaciones de la acción que se va a emprender. Al tomar una decisión, un presidente busca reunir las mayores fortalezas de la nación, y sin embargo, al final está completamente solo al asumir la responsabilidad de definir el camino a seguir.

En un artículo reciente del Wall Street Journal, se hacían la siguiente pregunta: ¿Porque fallan hoy los presidentes?. Entre otras razones, porque son personas que dedican mucho tiempo a hablar de lo que van a hacer durante la campaña antes de ser elegidos, y poco tiempo en garantizar conseguir los resultados cuando llegan al poder.

Parte del problema está en el poco interés o conocimientos, que tienen las personas que llegan a estos altos cargos de poder, de cómo operan las organizaciones de gobierno, y cuyo papel es fundamental para lograr que las cosas se hagan.

La posibilidad de que Trump llegue a la Presidencia, sin ningún conocimiento anterior en el manejo de entidades del Estado, se suman a las grandes preocupaciones de quienes se oponen a él, especialmente ante la complejidad de la burocracia federal de su país.

En esta época de redes sociales y de comunicaciones instantáneas, en los medios se valora más la retórica de este tipo de personajes, que su capacidad de volver las intenciones una realidad. El problema es que lo uno sin lo otro genera muchas frustraciones. Se aumenta la desconfianza de la gente sobre la capacidad de los gobiernos de responder a las expectativas creadas durante las campañas.

Como bien lo expresaba el artículo de la revista Time: La campaña americana  es el enfrentamiento de “una política convencional vrs el primíparo confiado en sí mismo, la persona  preparada vrs el provocador profesional, la persona realista por su experiencias anteriores en cargos de responsabilidad en el Estado vrs el maestro de ceremonias cuyo foco es el show donde es el único protagonista”.

Otra frase que leía en estos días lo resume todo: “A los presidentes se les elige, no sólo por su retórica, y metas que proponen en sus planes de gobierno, sino por la realidad que son capaces de construir”. Y yo añadiría, esto es posible si, y solo si, el balance de sus condiciones personales es positivo, lo que las convierte en un punto central que debería despertar el interés de quienes los eligen.

Cuando quién es presidente de una nación, no conoce sus debilidades, y las de las instituciones bajo su cargo, las mejores intenciones presidenciales se estrellan contra el mundo. Y los ejemplos son muchos.

El fiasco de la invasión de Bahía de los Cochinos durante el Gobierno de Kennedy está muy bien documentado. La petulancia de sus asesores que lo rodeaban, el desprecio por la capacidad de sus adversarios, y él no tener un plan B definido, porque se estaba seguro del éxito de la operación, permitieron el establecimiento de la dictadura Castrista por más de seis décadas.

Un segundo ejemplo fue el rescate de los rehenes en Irán ordenado por Jimmy Cárter, personaje obsesionado por los detalles, pero sin una visión de conjunto. Tomó la decisión a pesar de que, análisis posteriores demostraron, que las FA no  tenían las capacidades para lograr exitosamente la misión.

Otro ejemplo histórico es la invasión de Irak de Bush, cuya decisión se fundamentó en una gran mentira. Pero sobre todo, en sobrestimar la capacidad militar de sus FA  en una guerra no convencional, y subestimar la de los enemigos. Ni Bush, ni sus asesores más cercanos, fueron capaces de medir el impacto de las fuerzas culturales y religiosas que tenían que enfrentar, ni mucho menos, de las consecuencias no esperadas, que se iban a disparar más adelante.

Un cuarto ejemplo fue proceso de paz de Pastrana en el a Cagúan. En este caso, además de pecar por ingenuidad, fue evidente la incapacidad de plantear un proceso bien planeado. También, lo fue no tomar en cuenta la tremenda debilidad institucional para controlar el area cedida a las FARC en el Caguán.  Todos ellos son ejemplos de historias reciente de fracasos de este tipo.

En la actualidad, la debilidad institucional del Estado colombiano, y la de Santos en el ejercicio de su liderazgo en el proceso de paz, especialmente después del fracaso del Plebiscito, son en mi concepto los elementos que se pueden constituir en el gran talón de Aquiles de esta iniciativa histórica. El haber firmado el acuerdo con las FARC es importante más no fue suficiente. Ahora viene la parte más compleja, lograr arreglar los platos rotos, y donde estas deficiencias se van a sentir con toda su fuerza.

Las consecuencias de lo anterior pueden ser muy graves ya que las tendremos que vivir todos los colombianos en los próximos años. Ojalá me equivoque.

En resumen, el desafío de los presidentes modernos, es sumarle a sus habilidades retóricas, las de  gobernar conociendo cómo operan las instituciones bajo su comando, y reconociendo sus propias limitaciones personales. El desafío para los votantes, es trascender las pasiones partidistas, en el momento de montar al piloto que va a conducir los destinos de su nación

Como decía el Presidente Truman, al referirse a la elección de un presidente: “Usted nunca sabrá qué es lo que le va pasar con una persona hasta cuando llega a un sitio de responsabilidad. Lo que hay que hacer es escoger a una persona que se considera que es la mejor, basada en su historia pasada, y en los puntos de vista que expresa sobre eventos presentes. Después hay que sentarse y esperar a ver los resultados, e inclusive, rezar si usted  está inclinado para hacerlo”. Y yo añadiría el historial de su comportamiento, que finalmente es la parte visible que muestra lo que una persona es en realidad.

El punto central para los votantes, que como los  norteamericanos votarán este próximo. 8 de  noviembre, es tratar de discernir la naturaleza de la persona que va a estar sola tomando decisiones que los afecta a todos y ver si merece su confianza. En el caso gringo, deberán decidir si esta persona tienen el temperamento, el buen juicio, y la fluidez necesaria en los temas del mundo, para que se le entregue la responsabilidad de dirigir una nación con un inmenso impacto y arsenal nuclear a nivel global. Amanecerá y veremos.

PD: todo parece indicar que la dinámica de odio y descalificación será la fuerza impulsora de lo que suceda el próximo martes en la elección más atípica en los Estados Unidos en muchos años.


 

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