El derrumbe parcial del Estado

Por: Francisco Manrique.

En otras oportunidades he comentado intervenciones del Profesor James Robinson, autor del libro “Porqué fallan las naciones”. Hace dos semanas, fue invitado por la Universidad de Los Andes, para otorgarle un Doctorado Honoris Causa. El invitado aprovechó la oportunidad para compartir su interpretación del acuerdo con las FARC, a partir de estudiar por muchos años al país, y del trabajo de los ensayos de 14 académicos, que fueron invitados a la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas.

Como siempre, el Profesor Robinson, es incisivo y provocador con sus comentarios agudos sobre nuestra realidad. Y en esta oportunidad, en su discurso en Los Andes, lo vuelve a hacer de una manera magistral. Con razón se pregunta, si la anhelada paz en Colombia se va a lograr, porque en su concepto, no se están abordando la verdaderas causas del conflicto, solo los síntomas..

Tomando el texto oficial de la Comisión Historica, lo usa como lente para reflexionar sobre el punto anterior. Para ello, analiza la frecuencia relativa de las palabras y las frases asociadas, que son más utilizadas por los académicos, que fueron invitados para hacer el análisis del conflicto colombiano. Ellas reflejan la narrativa que hemos construido para explicar nuestra realidad.

Robinson centra su atención en la pareja de palabras que más se repiten en los ensayos de los académicos, y que están asociadas con el Estado: “derrumbe parcial del Estado”. Es un reflejo del comportamiento y la estructura que este ha tenido a lo largo de la historia. Estos dos factores pueden ser la causa del conflicto que explica la prolongación de la guerra por tantas décadas. Otras palabras que refuerzan lo anterior y asociadas al Estado son: la incompetencia, ilegitimidad, y su falta de capacidad, que reflejan la pésima imagen que de él tienen muchos colombianos.

Como resultado de este análisis el académico fórmula una preguntas muy pertinentes y duras: ” ¿Es entonces sorprendente que los políticos sean asesinados? ¿Es sorprendente que si el Gobierno no les da títulos de propiedad a muchos colombianos y tampoco protege sus derechos de propiedad, se den disputas de tierra y expropiaciones? ¿Es sorprendente que la democracia esté capturada por élites de políticos tradicionales que crean acuerdos excluyentes, como el Frente Nacional, asegurándose de que nadie más tenga acceso al poder? ¿Es sorprendente que la ilegalidad florezca, sin un Estado que la detenga, y que Colombia se convierta en la capital del mundo de la coca, o que Pablo Escobar sea elegido al Congreso en una alianza con uno de los partidos políticos tradicionales? “

Más adelante en su intervención, continúa con las preguntas duras: “dadas las imperfecciones y deficiencias del Estado colombiano, ¿deberíamos realmente esperar que este acuerdo de paz sea capaz de resolver tales conflictos? Y, ¿por qué un Estado colombiano caracterizado por una “presencia diferenciada” en el país, sería capaz de implementar un “desarrollo rural comprehensivo”, cuando ha fallado en hacerlo por décadas? ¿Lo logrará sólo pasando más leyes?”

Quiero resaltar aquí, el como Robinson nos invita a reflexionar a los colombianos, a partir de las preguntas difíciles que nos debemos hacer en la coyuntura histórica actual, si queremos aprovecharla para cambiar la narrativa que hemos construido por tantos años.

A partir de este análisis, Robinson llega a la conclusión de “que el elefante en la habitación ” es la forma como se organiza y funciona – o no funciona- el Estado, y no como resultado de eventos históricos como la muerte de Gaitan, el inicio de las Farc en Marquetalia, y el Frente Nacional.

A Robinson le parece irónico que se hubiera ignorado “el derrumbe parcial” del Estado, como la causa principal del conflicto colombiano, en el análisis realizado por el grupo de académicos invitados a la Comisión Histórica. Y más grave aun, que este factor crítico no se hubiera abordado de frente, confiando solo en la buena fe de las partes, para implementar lo acordado.

En Cuba se ha debido enfrentar el fortalecimiento de la capacidad del Estado para responder a las inmensas expectativas generadas durante los cuatro largos años de negociacion con las Farc. Como bien lo resalta Robinson , era necesario tener una visión aterrizada de lo que es posible hacer por parte del Estado, dadas sus evidentes debilidades actuales. La prioridad debería haber sido enfrentar el reto político de arreglar “el derrumbe parcial” a partir de lo que realmente tenemos como Estado para avanzar.

Esta observación se vuelve más visible, cuando se observan los primeros deficiencias en la implementación de lo acordado, en la preparación de los campamentos para la agrupación de las tropas de la guerrilla. Y el panorama se vuelve más complejo hacia adelante, cuando la implementación se hará en medio de un entorno político enrarecido, un gran pesimismo de muchos sobre el resultado, y un nuevo gobierno que deberá seguir respondiendo por un proceso en que posiblemente no crea, o esté convencido de que vale la pena apoyar.


Castro Cuba estado

Plaza Botero, Medellin. Junio 23, 2016. AFP PHOTO / RAUL ARBOLEDA


Pero Robinson vuelve a poner el dedo en la llaga cuando se pregunta : ” ¿Por qué el Gobierno y las Farc firmaron semejante acuerdo que ignoró el elefante en la habitación? . Y a continuación formula la siguiente hipótesis: “Creo que es porque el Gobierno no está interesado en cambiar a Colombia. Las élites políticas colombianas tienen la narrativa de que Colombia es un país exitoso y que han tenido mala suerte. Si no hay nada malo, no hay nada que arreglar”. Esto explica el porque se le da tan poca importancia a temas como pagar impuestos, que son la fuente de recursos para la transformación del Estado.

Y de manera incisiva nos pone el espejo para forzarnos a ver nuestra realidad. Afirma que, la dificultad para generar el cambio que Colombia necesita, se debe a que mucha gente le saca partido al “derrumbe parcial” del Estado. Hay un interés colectivo de mantener el status quo que fomenta la corrupción y el clientelismo, y que son los síntomas del diseño que le hemos dado a nuestro Estado desde hace décadas.

Como bien lo muestra Robinson, el problema es que sin una solución de fondo al “derrumbe parcial” del Estado, volveremos muy rápidamente a recrear nuestra historia pasada. Tema más apremiante aún, si no entendemos que estos derrumbes, como muchos desastres naturales propiciados por el hombre, pasan “porque la gente común toma acciones todos los días que los crean y los reproducen”.

Con este último comentario, aplaudo que se ponga también en el centro del debate nacional sobre nuestro futuro, la tremenda responsabilidad que tenemos todos los colombianos de nuestra realidad, como resultado de las decisiones y comportamientos de apatía e indiferencia que demostramos, y que se reflejan en el Estado que hoy tenemos . Si no entendemos esta dura verdad, por más acuerdo de paz que sigamos firmando, será muy difícil mejorar significativamente nuestra trayectoria histórica hacia adelante.

Que bueno que personas con Robinson, que se han dedicado a estudiar a la sociedad colombiana con seriedad, nos presten sus ojos y su visión externa, para invitarnos a identificar las verdaderas palancas que debemos utilizar para cambiar nuestra realidad. Lo necesitamos urgentemente.

Y finalmente nos hace una advertencia: “Miren a su alrededor la animosidad hacia el capitalismo y la desigualdad hoy en día, y pregúntense si esta animosidad no puede tornarse violenta en el futuro” !!


 

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