El rol de los empresarios y las Fuerzas Armadas en el post conflicto

Por: Francisco Manrique.

En estas dos últimas semanas he tenido unas conversaciones muy reveladoras relacionadas con el proceso de paz en Colombia. Una de ellas, con un directivo de una importante empresa de este país. La otra conversación, con un oficial de alto rango de las Fuerzas Armadas, quien por razones de su oficio, hoy está muy cercano al proceso de la Habana.

Es una verdad de puño, que la paz y el proceso propuesto por Santos, se convirtieron en elementos de división de la sociedad colombiana. Para efecto de este blog, vale la pena recordar de dónde hemos venido, y  dónde estamos hoy, en relación a la manera como se ha desarrollado el proceso de paz. La confrontación suscitada por Uribe, y el manejo inadecuado del Presidente a lo largo del los meses, para inspirar a los colombianos a favor de la iniciativa, ha tenido como resultado la polarización de la sociedad, y un ambiente de confrontación y beligerancia increíbles. El entorno político actual no se veía desde las épocas de las peleas de los liberales y conservadores a finales de la década de los cuarenta, y que se conoció como la Violencia en Colombia.

Mientras los ciudadanos de a pie vemos esta guerra verbal y de agresiones mutuas, el proceso en la Habana avanza tortuosamente hacia adelante. Falló Santos y el Grupo Negociador, en pensar que las conversaciones iban a terminar antes de las elecciones para Presidente. Y ahora, pienso que fallan nuevamente, al pensar que puedan terminar antes de las elecciones regionales de octubre próximo.

Sin embargo, al interior del grupo negociador, se percibe una moderada esperanza de que se puedan superar más rápidamente los temas espinosos, que hoy todavía quedan de la agenda inicialmente planteada. Poco a poco, parecería que se ve cada vez mas cerca el fin de una pesadilla, y el comienzo de otra, si no nos despertamos los colombianos. Y este es el meollo del problema que yo veo en la coyuntura actual.

Hace dos años, el proceso de la Habana, se veía como una quimera de Santos. Uribe, en el curso de este tiempo, ha hecho todo lo que ha podido para minar la credibilidad de la iniciativa. Y de paso, desconocer que el también estuvo buscando acercamientos con las FARC y el ELN. Estos hechos se lo han recordado en estos días los medios, con motivo del caso del retorno de la ex directora de DAS, después de estar fugada por cuatro años, con su ayuda. La amnesia selectiva del ex presidente es proverbial, y no sería grave, si el único afectado fuera el. Pero lamentablemente no es así y esto le hace un inmenso daño al país.

Hoy en día, hay mas razones de fondo para ser optimista. Las condiciones actuales permiten pensar a muchos colombianos que es posible lograr pasar la página de este amargo y sangriento capítulo, de más de seis décadas de destrucción y muerte.

Cuba y Venezuela,  han sido piezas claves para el sostenimiento de las FARC en las últimas dos décadas. Hoy, la tozudez de los hechos nos demuestran, que las dinámicas geopolíticas regionales están cambiado rápidamente, y que por lo tanto, hay nuevas realidades que no pueden ser desconocidos por “los subversivos” que están en la Habana, ni por la oposición radical de Uribe y su grupo. Obama, lanzó un puente hacia la Habana, rompiendo con un embargo de cincuenta años. Maduro, está más enredado que nunca en su propias incongruencias, y sin los recursos para seguir sosteniendo  a Cuba, por la caída de los precios del petróleo.

Lo  que era un impensable metafísico hace pocos meses, hoy ya se ve como un escenario mucho más plausible. Y sí lo imposible se vuelve una realidad mas temprano que tarde, las preguntas inmediatas que debemos hacernos son muy sencillas: ¿qué sigue? ¿estamos preparados?. Hoy, mi respuesta, es que no sabemos lo que sigue. La razón: porque no ha sido una preocupación principal de Santos la de plantear una visión de futuro inspiradora, que movilice a la sociedad para que se apropie de la iniciativa.

Hasta ahora, todo el esfuerzo se ha concentrado en la coyuntura del proceso de negociación y la preparación del terreno, como la Ley de Víctimas y la de Restitución de Tierras. Estas son piezas importantes de la infraestructura legal para soportar el proceso que viene. Sin embargo, la iniciativa está en pañales en cuanto a la infraestructura mental y emocional de la población colombiana. El desconocimiento, la apatía, la indiferencia, o el rechazo, describen lo que está pasando en este campo. Y esta realidad es una inmensa barrera, y un gran riesgo para la sostenibilidad del proceso, que por definición va a ser de muchos años.

La consecuencia de todo lo anterior, es que se exacerben los miedos y haya una gran incertidumbre. En especial, de quienes tienen una papel clave en la sostenibilidad del proceso hacia adelante: los empresarios y las Fuerzas Armadas. De dientes para afuera, todos reconocen que no es sostenible mantener los niveles de violencia que han significado cientos de miles de muertes y millones de desplazados. Pero la degradación política del significado de la paz, a la que hemos llegado en estos últimos dos años,  les impide a personas claves de estos dos sectores, mirar más allá de la coyuntura actual, reconocer los avances logrados, y volverse protagonistas de primera línea,  para  lo que viene.

A algunos empresarios, les preocupa mucho que sus empresas se vean metidas en el fuego cruzado de esta incongruente pelea “por la paz”. Prefieren adoptar una posición menos visible a pesar de reconocer la importancia que esta tiene para el entorno de sus negocios. Sin embargo, el ambiente de confrontación y descalificación que ha generado Uribe y su combo, se ha convertido en un freno, para que algunos de estos empresarios asuman un liderazgo más activo.

Ante la ausencia de una visión inspiradora por parte de Santos, que le de sentido de futuro al proceso de paz, estos empresarios están renuentes a enfrentar  el verdadero reto que tenemos como sociedad: ayudar a construir las bases para la nueva narrativa que nos debería guiar hacia el futuro de un país, donde las armas no se usen para dirimir las diferencias, o imponer por la fuerza una ideología, de una minoría a los demás.

Al interior de las FA, la situación no es distinta. De hecho, las filtraciones de información, que han ayudado a Uribe a enlodar el proceso, provienen de militares que prefieren el status quo. Algunos, porque aun creen que es a punta de bala que se puede terminar con la guerrilla. Otros, por el miedo de la incertidumbre sobre su carrera y el futuro de la institucionalidad militar y policial. Uribe ha hecho un buen trabajo de vender la idea perversa, que ha calado en algunos miembros de las FA: Santos va a negociar su desmantelamiento con las FARC.

Hoy, las FA se enfrentan con unas señales contradictorias. Por una parte, se insiste en que no pueden bajar la guardia y que es necesario mantener la presión sobre “el enemigo”. Por otra parte, el cese al fuego decretado por las FARC, y que el Ministro de Defensa reconoce que han cumplido, les envía una señal contradictoria que no estaban preparados para responder. Y al final, hay un aspecto muy humano: nadie quiere ser el último soldado que va a morir en esta guerra, lo que inhibe su accionar en el campo de operaciones.

También, en el fondo hay una gran incertidumbre de lo que podrán hacer los políticos y el sistema de Justicia  al finalizar el proceso. Existe la preocupación que se tomen decisiones que puedan convertir a los militares en los chivos expiatorios de “la aventura de Santos”. Ven a ex guerrilleros del M-19, hoy como alcaldes, demoliendo la institucionalidad. Este ha sido el caso de Petro con el uso indebido de las tutelas,  que le han permitido atornillarse en su cargo, sin rendir cuentas por su equivocaciones, como mandatario de Bogotá.

Y a su vez, observan como, ex compañeros de armas, que los combatieron hace mas de tres décadas, han sido llamados a juicio y hoy están en la cárcel, porque defendieron esa misma institucionalidad, como ha sido el caso del Coronel Plazas por su actuación en el Palacio de Justicia.  A la luz de estos antecedentes, y en un entorno de derechos humanos mucho menos permisivo,  lo que viene no deja tranquilos a muchos militares. En ese contexto es entendible su respuesta: la oposición soterrada al proceso, porque hay un gran miedo sobre su futuro.

Lo interesante de estas reflexiones, es que el miedo parecería ser el compañero de viaje para todos los actores del proceso de paz en Colombia. Como me lo recordara Francisco Galán, ex guerrillero del ELN en otra conversación hace algunos meses, esta es una realidad que se vive al interior de la Guerrilla. A estas personas también los acompaña el miedo de dejar el fusil que ha sido su compañero desde pequeños, para incursionar en un mundo que les es desconocido y para el cual no están preparados.

En medio de la confusión de la dinámica política que se ha generado por las posibilidades de desmovilizar a las FARC y al ELN, y ante la ausencia de una visión inspiradora que ayude a disminuir el impacto del miedo colectivo ante lo desconocido, hay una apatía preocupante de la población urbana que no ha experimentado en carne propia el conflicto. Pero también, hay un desconocimiento en las regiones, sobre el proceso de la Habana. Ante estos vacíos, es muy difícil pedir que la gente  abandone su zona de confort, y se atreva a explorar nuevas posibilidades,  asumiendo los riesgos y la corresponsabilidad que les corresponde. Estos son requisitos fundamentales para construir una historia diferente de  la sociedad colombiana hacia el futuro.

En estos momentos, de una coyuntura histórica  sin antecedentes en más de dos décadas,  se necesitan generar otras dinámicas que contrarresten, las que estamos viendo. Hoy, y hacia adelante,  es fundamental preparar a la sociedad colombiana para lo que viene, porque los riesgos de no hacerlo son inmensos.  Estamos presenciando un proceso de cambio sin antecedentes, que requiere del ejercicio de un liderazgo diferente, y que ha sido el gran ausente de nuestra historia contemporánea.

En este momento de coyuntura histórica, se necesita más que nunca, del concurso activo de las personas que hoy ocupan posiciones claves en las empresas y las FA. Si nos descuidamos por la miopía que genera la turbulencia política,  lo sucedido en El Salvador y Guatemala, después de firmar sus respectivos procesos de paz, se puede repetir en Colombia a una escala mucho mayor. La razón:  el tamaño de nuestro país y el  historial violento de tantas décadas. Además, porque el narcotráfico seguirá campeando mientras subsista la estúpida política norteamericana en esta materia. Por lo tanto, el esfuerzo será inmenso, para sostener la atención de la población en un proceso que va tardar muchos años. Además, hay que tener en cuenta la gran debilidad institucional que tenemos.

Por estas razones, es fundamental no dejarle solamente a los políticos la responsabilidad de construir unas bases sostenibles, para el nuevo capítulo de la historia de nuestro país. La firma de un acuerdo con las FARC, es solo un buen pretexto para enfrentar los descuidos de muchas décadas, pero también, los inmensos retos que implican ser una nación relevante en el siglo XXI.

Por estas razones, de manera reiterada, he insistido que la Educación y la Innovacion, deberán sostener la nueva narrativa que debemos construir. Esa es la verdadera oportunidad que nos abre, lo que hoy está sucediendo en la Habana. Para que esto sea posible, se necesita de un gran liderazgo y perseverancia, cualidades que lamentablemente no abundan en nuestro medio como ya lo dije.

Por todo lo anterior, mi reflexión en cuanto a los roles de los actores claves va en dos direcciones. Para los empresarios, es indispensable que se atrevan a superar los temores y las prevenciones, que hoy les genera la confrontación política alrededor de la paz. Se necesita de su creatividad, capacidad de asumir riesgos, y orientación a los resultados, para que se arriesguen y ayuden mucho más activamente a pensar y desarrollar iniciativas de sostenibilidad, para un post acuerdo en la Habana.

Para las FA, les haría una invitación: convertirse en la “selección Colombia” del post acuerdo que inspire a los colombianos. Se les abre la oportunidad de volverse  una institución que sea un modelo de rol para todos. Tienen la inmensa oportunidad de reinventarse de manera innovadora, aprovechando el aprecio que les tiene la sociedad, y la experiencia de ser la única institución del estado que no tiene su reputación por los suelos, a pesar de la gravedad de los falsos positivos, que enlodó su actuación hace unos años.

Las FA tienen la capacidad para servir de punta de lanza institucional para desarrollar un nuevo modelo: de ser unas máquinas de guerra, como me lo mencionaba el amigo militar con quien conversé en estos días, a convertirse en unos ejemplos de liderazgo colectivo relevante, para la enorme tarea que tenemos todos por delante.

Lo anterior implica que todos vamos a tener que romper nuestros viejos discursos, abandonar el odio y las narrativas de víctimas y victimarios para poder construir una nueva historia basada en la esperanza. A personas como Uribe, les corresponde salirse de las trincheras, dejar un discurso que tuvo su vigencia pero que hoy no construye, para contribuir a   superar  nuestro pasado. Las FARC tienen el mismo reto, así como el Presidente Santos con algunas de sus posiciones.

Y como lo dijo Mandela: ” es tiempo de curar las heridas”. Y yo añadiría: ponernos entre todos a construir el futuro que ya llegó y dejar de obsesionarnos por el pasado que ya no es. El ejemplo del líder sudafricano,  que estuvo 27 años en la cárcel, muestra como es posible abandonar un discurso de revancha que hubiera podido utilizar para enfrentar a los negros con los blancos. En sus manos estuvo la venganza, o superar el pasado, y construir hacia el futuro. Escogió lo segundo y por eso se le reconoce como un verdadero líder. El ser grande o pequeño está en entender la diferencia.

¿Será que Uribe escoge el camino de la grandeza de un Mandela, invitando a que se depongan los discursos de venganza donde el ha sido un protagonista principal, o difuminarse en la historia como un pequeño personaje que se lo consumió su discurso de odio, que lo ha llevado hasta el extremo de acusar a Antanas Mockus de hacer trampas?


 

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