Desconectarse del trabajo, una lucha difícil en la práctica

Beatriz, ejecutiva en una compañía aérea en París, sueña con beneficiarse del nuevo derecho a desconectarse del trabajo fuera de las horas de oficina que rige en Francia desde este año, con el objetivo de evitar la sobrecarga laboral.

“En mi trabajo me llaman a menudo por la noche por problemas urgentes o tengo que responder a correos electrónicos en mi tiempo libre”, explica esta mujer de 50 años que maneja a distancia un equipo de seis personas con horarios distintos.

Para Beatriz, el derecho a la desconexión sería “un alivio”. Desde el 1 de enero, la ley laboral obliga a las empresas en Francia con más de 50 empleados a abrir negociaciones sobre el derecho a la desconexión, es decir al derecho a no responder a los mails o a las llamadas profesionales fuera del horario de trabajo.

Sin embargo el texto no prevé sanciones, aunque los asalariados pueden presentar demandas si estiman que sus derechos no son respetados.

Esta ley fue adoptada en momentos en que la frontera entre el trabajo y la vida personal es cada vez más fina, con la aparición y multiplicación de las nuevas tecnologías de comunicación. “Nadie me obliga a hacerlo”, confiesa Beatriz, “pero tengo un teléfono profesional en el que recibo mails y mis compañeros hacen lo mismo que yo”.

Sus últimas vacaciones fueron interrumpidas constantemente por mails urgentes a los que respondió por responsabilidad profesional. “Si no hubiera respondido, habría puesto en dificultad a otras personas”, cuenta.

Aunque por lo general su compañía cuida la salud de sus empleados, ha realizado recortes en los últimos años, dice. Como consecuencia, sus jefes exigen los mismos resultados aunque con menos efectivos.


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“Adictos al trabajo”

Al igual que Beatriz, tres de cada diez ejecutivos no se desconectan nunca del trabajo, según un estudio de un sindicato francés.

Mathilde, 26 años, empleada en una agencia cultural del centro de París admite que revisa su correo profesional todas las noches por simple curiosidad.

No es la única que se somete a esta dependencia voluntaria al trabajo. Hay también “adictos al trabajo”, ansiosos o ambiciosos.

Un joven banquero que se especializa en fusiones y adquisiciones lamenta que su empresa corte el acceso a los mails entre las 22H00 y las 06H00 para evitar una sobrecarga de trabajo.

“Es una decisión personal ver o no sus mails. Me molesta que me obliguen a desconectarme”, refunfuña este joven de 24 años.

Identidad profesional

Peter Fleming, un experto sobre empleo de la Universidad de Londres, estima que muchas personas activas sufren de las sobrecarga de trabajo pero otras manifiestan un “apego obsesivo a su identidad profesional”.

“La percepción del trabajo ha evolucionado de ‘lo que hago’ a ‘lo que soy'” y el tener acceso a mails las 24 horas del día “amplifica esa tendencia”, observa.

En su opinión, el derecho a la desconexión es positivo, ya sea impulsado por una ley como en Francia o por las empresas.

“La decisión debe ser colectiva y no individual. Si sé que todos mis colegas están desconectados, entonces yo también puedo desconectarme”, señala el experto.

Algunas empresas francesas se adelantaron a la ley y tomaron medidas para luchar contra el estrés laboral.

El grupo de telecomunicaciones francés, Orange, que tuvo una ola de suicidios de empleados en 2008 y 2009, colaboró en la elaboración de la ley. La empresa, en estrecha colaboración con los sindicatos, redactó un texto sobre la desconexión laboral en septiembre, tres meses antes de que la ley entrara en vigor.

Los 150.000 empleados de Orange tienen ahora garantías de que no serán penalizados por no consultar su correo electrónico fuera de los horarios de oficina y se pidió evitar mandar correos fuera de las horas laborables. AFP


 

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