¿Qué hacer frente al abrumador desempleo juvenil?

Por: Ángela Escallón Emiliani.

Los jóvenes de Colombia, de cualquier país, representan el mayor activo del mundo. Son ellos la fuerza, la energía, el presente, el futuro, las nuevas mentes, la renovación. Y pese a todos estos maravillosos adjetivos y muchos más que existen, como sociedad pareciéramos no verlo; no ocuparnos. No nos hacemos cargo de lo que se necesita para poder responder a las necesidades y a las demandas de nuestro tiempo.


Los datos en el informe de Planeación Nacional no son alentadores. A pesar de que el desempleo juvenil ha disminuido considerablemente al pasar de 20% a 15,5% entre enero de 2010 y febrero de 2016, según cifras del DANE; el gran grueso -específicamente el 49,9%- de la población desempleada actualmente, se concentra entre los 18 y los 29 años. Esto quiere decir que hoy uno de cada dos colombianos que se encuentran sin empleo, es un joven.

La disminución que se ha alcanzado durante los últimos cinco años, se ha dado por los distintos esfuerzos que el país ha adelantado y por la importancia que ha comenzado a cobrar este tema en la agenda de organizaciones de distintos sectores. Pero pese a esto, las mismas cifras nos muestran que los jóvenes siguen siendo una de las poblaciones más vulnerables frente al desempleo.

La Ley del Primer Empleo, y la Ley Pro Joven que aprobó el gobierno nacional la semana pasada, tienen como objetivo facilitar el acceso a la oferta de empleo a menores de 28 años y recién graduados entre otros, reduciendo las dificultades para conseguir trabajo y la falta de oportunidades de acceso laboral de los jóvenes. Estos dos esfuerzos legislativos son un buen marco de inicio para adelantar acciones a favor del empleo juvenil; sin embargo, es importante reflexionar sobre los retos que surgen y los obstáculos que persisten para alcanzar impactos exitosos en este tema.

¿Qué puede estar pasando?

Ofrecer temporalmente opciones de formación y de vacantes, ha demostrado que no es una estrategia suficiente para atacar esta tendencia negativa. Adicionalmente, los resultados de las políticas o de las iniciativas privadas serán muy restringidos si se centran en acciones puntuales limitadas a descuentos sobre los costos de intermediación y empleo, a campañas de sensibilización y a procesos de formación masiva; que en el mejor de los casos responden a las necesidades de algunas empresas con quien se hace gestión, pero que no están alineados a las necesidades estructurales del mercado laboral en cada territorio.

En complemento a estas situaciones no deseables, las condiciones laborales con que se encuentran muchos jóvenes en las distintas regiones del país, les ofrecen pocas alternativas para continuar estudiando, lo que sumado a las numerosas oportunidades que se encuentran en los territorios de generar de ingresos desde la informalidad -y tristemente desde la ilegalidad-, reduce dramáticamente el interés de jóvenes por vincularse al mercado laboral formal.

En la práctica lo que termina ocurriendo, es que estos programas se enfrentan rápidamente a las dificultades de encontrar suficientes candidatos jóvenes, con las competencias y con el interés por participar, así como vacantes suficientes relacionadas con los temas específicos en que estos jóvenes han sido formados.

¿Qué se puede hacer?

Para iniciar, es clave hacer énfasis en que el marco de acción de las políticas así como de las iniciativas privadas que promueven el empleo para jóvenes, debe ser amplio y considerar de manera agregada a todos los actores que en el respectivo territorio tienen que ver directamente con el empleo: empresas, entidades de formación para el trabajo y de educación media, encargados de programas locales de promoción y centros de empleo.

La efectividad de las iniciativas aumentaría si se incorpora una mirada sistémica y se privilegian acciones coordinadas en la formación, orientación, preparación, intermediación y empleo de la población joven.

Es necesario tener una visión de territorio, y una buena lectura de este, para alinear las estrategias de empleo juvenil a las necesidades estructurales del mercado laboral. Esta es una de las claves que es necesario consolidar en este cambio.

Y tal vez lo más importante, trabajar por el empleo joven puede ser un gran complemento a las estrategias de superación de pobreza. Estas estrategias suelen tener dificultades al mediano plazo cuando solo centran su esfuerzo en esquemas de subsidio donde los hogares no incorporan, progresivamente, mecanismos cotidianos de generación de ingresos que los sostenga fuera de la pobreza. Los jóvenes de esos hogares pueden ser los primeros en vincularse al mercado laboral formal, más que cualquier otro integrante de dichas familias, y de esta forma superar de manera sostenible su condición de pobreza.

Si la mitad de nuestra fuerza productiva está desempleada y no puede acceder a oportunidades ¿cómo esperamos avanzar como país?

Como lo hemos planteado en otras oportunidades, en el contexto del bono demográfico por el que actualmente transita Colombia – y que finaliza en el 2020- la mejor estrategia que permitiría ampliar la base productiva del país rápidamente es fomentar la educación orientada al trabajo y el empleo en la población joven.


Este Post fue elaborado con la colaboración de Germán Barragan, Gerente de Educación Orientada al Trabajo y miembro del equipo técnico de profesionales de la Fundación Corona, y se publicó originalmente en La Silla Llena en Educación, el 12 de mayo de 2016.


Imagen en página principal cortesía de Stockimages en FreeDigitalPhotos.net


 

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