Las empresas y el desarrollo de capital humano

Por: Ángela Escallón Emiliani.

A lo largo de los últimos años el sector productivo ha venido manifestando gran preocupación porque los jóvenes de hoy no cuentan con las competencias requeridas para suplir los cargos existentes y los cargos que se generarán en un futuro en el mercado laboral.

En Colombia el 47% de las empresas reportan dificultades para encontrar el talento humano que requieren. Entre las dificultades que manifiestan se encuentran:

  • 43% competencias duras,
  • 39% falta de experiencia,
  • 32% factores de mercado,
  • 24% falta de títulos, y
  • 9% habilidades blandas

(Manpower Group. Encuesta escasez de talento, 2015).



Sin embargo, ante esta afirmación también debemos entender cuál puede ser el rol activo que deben ejercer las empresas en la educación, y cuál debe ser su participación en el desarrollo del talento humano para ser más competitivos.

Desde hace varios años, en el mundo de los negocios se ha trabajado el concepto de valor compartido. Este concepto promovido por el profesor de Harvard Michael Porter, promueve que la competitividad de las empresas y el bienestar de las comunidades alrededor de ellas son mutuamente dependientes, y por esto mismo, las empresas pueden crear valor compartido hacia la sociedad de tres formas: desarrollando nuevos mercados o productos, redefiniendo la productividad de su cadena de valor y facilitando el desarrollo de clusters locales.

De acuerdo a la publicación “El nuevo rol de las empresas en la Educación Global” de Shared Value Initiative y el Profesor Porter, las empresas también pueden crear valor compartido en la educación cuando generan beneficios económicos para sus negocios y al mismo tiempo abordan las necesidades educativas de su entorno.

En la publicación, y en varios debates sobre el tema, se ha reconocido que en la educación se puede generar valor compartido de dos maneras: La primera consiste en empresas que ofrecen productos y servicios para el sector de la educación buscando mejorar los resultados de los estudiantes actuales y atendiendo a poblaciones no atendidas.

La segunda consiste en empresas que buscan cerrar las brechas de talento humano para aumentar la productividad de la cadena de valor de las empresas y fortalecer agrupaciones regionales para generar un contexto más competitivo.

Lo interesante de este debate es ver cómo, en cualquiera de las dos formas, el rol de las empresas en la educación pasa de ser un consumidor pasivo de talento humano, a ser aliados vitales de las instituciones educativas, las organizaciones de la sociedad civil y los gobiernos, al alinear sus objetivos de negocio para sobrepasar los retos que se presentan en la educación del territorio.

Oportunidades:

Entendiendo este nuevo rol activo en la educación, a continuación presentamos las principales oportunidades que tienen las empresas para desarrollar competencias pertinentes en el talento humano:

  1. Identificar las competencias requeridas en los cargos con la finalidad de comunicar estas necesidades al sector educativo para desarrollar currículos pertinentes a las necesidades y así lograr que los jóvenes puedan recibir la adecuada orientación socio ocupacional. Actores como el Consejo Privado de Competitividad, la ANDI o la Red Ormet del Ministerio de Trabajo, son algunos de los ejemplos que han reconocido las necesidades de sectores regionales y han apoyado los lineamientos para cerrar las brechas de talento humano.
  2. Usar nuevas fuentes de búsqueda de talento, reconociendo oportunidades para aumentar la competitividad en poblaciones vulnerables o no atendidas. Para generar este cambio es muy importante que los procesos de selección de las empresas se realicen por competencias y no por perfiles. Un caso exitoso es Pacto de Productividad, ya que a través de su modelo de empleo inclusivo para población en situación de discapacidad ha vinculado varias empresas que buscan talento humano en situación de discapacidad por competencias con gran impacto no solo el productividad, sino en ambiente laboral.
  3. Participar en proyectos regionales que buscan cerrar la brecha de talento humano para mejorar la competitividad de la región. Un claro ejemplo es NEO, Nuevas Oportunidades de la Empleabilidad en Urabá, en el cual empresas, fundaciones, cajas de compensación, el gobierno y cooperación internacional trabajan de forma articulada para desarrollar competencias y generar oportunidades de empleo que fortalecen la competitividad de la región.

En los tres casos anteriores se reconoce la educación como un ecosistema dinámico en el cual las empresas deben ser parte integral y se articulan continuamente con los jóvenes y el sector educativo.


Este Post fue elaborado en colaboración con el equipo técnico de profesionales de la Fundación Corona, y se publicó originalmente en La Silla Llena en abril de 2016. Reproducido en PCNPost con autorización del autor. También puede consultarse aquí.


 

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